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miércoles, enero 14, 2009

Vicky Cristina Barcelona Olé

"Ladys and gentlemen, y el Globo de Oro a la peor mejor comedia es para... ¡Vicky Cristina Barcelona!". Por favor, estos americanos están todos locos. Año tras año ninguneando todas las películas de Woody Allen -salvo algunas excepciones por incuestionables-; dejando pasar sin pena ni gloria grandes obras -en algún caso maestras- de este realizador, como Match Point, Desmontando a Harry, Delitos y Faltas o Manhattan. ¿Y vienen ahora a premiar su peor película en muchos años, y puede que de toda su trayectoria?

No puedo evitar preguntarme: ¿por qué? Y no puedo evitar acordarme de cómo acaba otra película del propio Woody: Un Final Made In Hollywood. En ella el director neoyorquino ironizaba con bastante mala leche sobre el gusto europeo, insinuando que éramos tan esnobs que nos parecería una obra de arte una basura de película sin sentido filmada por un ciego, mientras que por supuesto el público norteamericano la detestaría. ¿Está pasando ahora justo lo mismo pero al revés?

Dejando a un lado que en mi opinión dicha ironía va más bien dirigida contra Hollywood, ya que ese sería precisamente el final "blanco" por el que optaría la industria -los americanos son listos, los europeos tontos y unos esnobs y el protagonista, contra todo pronóstico, sale bien parado del entuerto-; lo cierto es que hay paralelismos entre esta anécdota y la vida real, que tienen mucho que ver con el cine de Woody Allen y la diferencia de apreciación de éste entre Norteamérica y Europa.

Allen lleva décadas haciendo grandes películas que pasan desapercibidas en su país mientras que son aclamadas en el resto del mundo, principalmente en Europa. Es cierto que algunas de las más significativas se han llevado algún que otro premio, como es el caso de Annie Hall, La Rosa Púrpura del Cairo o Hannah y Sus Hermanas. Pero yo no me explico como otras, como las que he mencionado en el primer párrafo, no han sufrido la misma suerte, mientras que son aclamadas en el viejo continente. ¿Será verdad que somos unos esnobs y que vemos arte donde no la hay? ¿Que el público y la crítica norteamericanos son más listos? ¿O más bien todo lo contrario?

Yo me inclino por esta última opción, en la línea de que creo que el final de Hollywood Ending quiere decir precisamente lo opuesto de lo que parece. Y la razón me la da definitivamente que Vicky Cristina Barcelona, sin duda una de las peores películas de Woddy Allen, tenga tanto éxito en Estados Unidos.

Vicky Cristina Barcelona es aburrida. No es un drama, eso queda claro desde el principio. Pero tampoco es una comedia, porque no tiene ni chispa de gracia. Es la primera vez que no me río, que ni tan siquiera se me escapa una sonrisa, con una película con intenciones de comedia del director de Brooklyn. Los actores están especialmente sosos, a excepción de Penélope Cruz, todo hay que decirlo. Por no hablar de la irritante banda sonora, que merecería un post aparte.

¿Cómo es posible que esto guste tanto a público y crítica estadounidense? Será que nosotros tenemos más cultura y criterio, y ellos son más burros en general. Aunque aún hay otra explicación. Y es que gracias a Woody Allen llevamos años riéndonos del estereotipo de americano de clase alta, burgués, hipocondriaco, maniático, adicto al psicoanalista, superficial y con una vida sentimental desastrosa; y ahora es a ellos a los que les ha caído en gracia la parodia llena de clichés del carácter latino que se hace en esta película.

Se ve que a nosotros no nos hace ninguna gracia que nos reduzcan a un estereotipo, al igual que a ellos tampoco se la ha hecho todo estos años.

martes, enero 13, 2009

Ya era hora

Kate Winslet ha arrasado en los Globos de Oro al llevarse a la vez el premio a la mejor actriz dramática y a la mejor actriz de reparto por Revolutionary Road y The Reader respectivamente. Ya estaba bien. Porque era decepcionante ver cómo una actriz de su talla se convertía en la eterna candidata a todo, pero que nunca conseguía el merecido reconocimiento.

Winslet debutó en lo que fue la primera película "seria" de Peter Jackson -efectivamente, hay un antes de El Señor de los Anillos-: Criaturas Celestiales. Para mí es una obra maestra, y la interpretación de Kate Winslet todo un descubrimiento, sin duda. Más tarde participó bordando su papel en películas con mayor repercusión internacional como Sentido y Sensibilidad, buen film del ala menos cansina de Ang Lee. De hecho con esta interpretación llegaron sus primeros premios y nominaciones a los Óscar.

Pero el salto a la fama mundial lo dio con Titanic. Si no recuerdo mal, hasta ahora la película con mayor recaudación de la historia del cine, la cual tiene tantos fans como detractores acérrimos. En mi opinión ni tanto ni tan calvo. Aunque el éxito abrumador haga que las posturas se polaricen, lo cierto es que ni se merece haber recaudado tanto, ni es precisamente una mala película. Y Winslet, una vez más, hace en ella una gran interpretación que, aunque nominada, quizá aquí no deberíamos hablar de merecedora de Óscar.

Tras el boom de la superproducción de James Cameron la actriz inglesa siguió con papeles más modestos que, aunque algo encasillada en personajes de época, siguieron manteniendo un gran nivel interpretativo. Estoy hablando de películas como Jude, Quills o Iris.

En los últimos años su carrera ha sufrido un nuevo repunte, sobre todo debido a películas como Eternal Sunshine of the Spotless Mind -vilmente traducida en España por "¡Olvídate de mí!"-. Obra maestra donde las halla en la que Winslet hace por fin un papel que rompe con todo lo anterior y que la saca de su encasillamiento. Papel que por cierto borda y por el cual, esta vez sí, se merecía un rotundo Óscar, amén de hacer que todos nos enamorásemos perdidamente de ella.

Ahora se lleva dos Globos de Oro el mismo año por Revolutionary Road y The Reader, películas que aún no he visto y por lo tanto no me voy a pronunciar. Pero independientemente de que yo esté seguro de que ha hecho en ellas grandes papeles, creo que hay un sentimiento general de reconocer toda una carrera y enmendar la injusticia que se ha hecho con ella durante los años en los que ha estado nominada a todo pero casi nunca ha sido galardonada.

Y espero que dicha injusticia se subsane definitivamente en los próximos premios Óscar. A ver.

miércoles, diciembre 03, 2008

How's a fairytale town not somebody's fucking thing?

He visto Escondidos en Brujas dos veces en tres días. Ahí es nada. No recuerdo la última vez que una película me gustó tanto como para hacer algo así. Sin duda es la sorpresa de la temporada. No pretendo exagerar, cosa a la que siempre tiendo; no es el mejor film de la historia, pero, sinceramente, no se me ocurre qué más se le puede pedir.

In bruges cuenta la historia de unos sicarios que tras cometer un crimen tienen que esconderse por un tiempo en la ciudad belga de Brujas. La primera vez que la vi lo hice con cierto escepticismo, esperaba algo normalito, y la verdad que el comienzo no ayudó a cambiar mi opinión. Porque al principio, Escondidos en Brujas parece más un documental de una agencia de viajes que una película que tenga algo más que contar que lo bonitos que son los canales, los edificios y las iglesias de la ciudad belga.

Pero a medida que avanza la cinta el guión va evolucionando hasta que te atrapa de manera irremediable. Para sorpresa mía. Tanto es así, que tras verla del tirón no pude parar de darle vueltas a los detalles y a ciertos chistes, hasta que me dije: tengo que verla otra vez.

Y la segunda vez sirvió para confirmar que quizá estemos ante una de las mejores películas del 2008 -entre las que yo he visto, claro-. Lo cierto es que en el segundo visionado me reí a carcajadas, ahora que sabía a qué tipo de película me enfrentaba. Y es que In Bruges es una comedia negra con un sentido del humor muy muy fino, y algo inglés. La cinta está plagada de chistes poco explícitos, que se dejan caer sin darles mayor desarrollo, de forma que para pillarlos a veces hay que estar muy atento.

Y todo eso es gracias a un guión inteligente y muy elaborado, casi coreográfico, en el que todo encaja a la perfección. Un guión plagado de diálogos excelentes que en algún momento pueden recordar a lo mejor de Tarantino o Woody Allen. Y que, aún desembocando en lo que podría ser un típico thriller, no deja de mantener su irónico negro sentido del humor hasta el final.

Todo esto contrasta con el ritmo de la película, que es bastante pausado en general, y con la música melancólica que envuelve gran parte del metraje. No estamos aquí ante un thiller videoclipero para impresionar adolescentes. Y ese contraste es el que puede llegar a confundir a las primeras de cambio sobre qué tipo de película se está viendo, y que sólo se aclara y se puede disfrutar plenamente en un segundo visionado.

Mención a parte merecen los actores que están todos sencillamente perfectos, hasta los secundarios, que también adquieren una importancia fundamental. Colin Farrell lo clava, como ya lo hizo en El Sueño de Cassandra, dejando claro que se está haciendo por méritos propios un hueco entre los grandes. Brendan Gleeson está genial, aunque no esperábamos menos de este actor inglés. Y Ralph Fiennes le da el toque de calidad y la puntilla a toda la obra con una interpretación soberbia. Por último Martin McDonagh, para mí un desconocido, dirige magistralmente esta cinta, a la vez que firma el guión. Habrá que seguir su carrera con mucha atención.

Mezcla de drama, comedia negra y thriller, además de ser un claro homenaje a la ciudad, Escondidos en Brujas es de imprescindible visionado para los amantes del buen cine con un poco de mala leche.

lunes, diciembre 01, 2008

Los cronocrímenes

Me he llevado una grata sorpresa con la película de factura patria Los Cronocrímenes. El debut de Nacho Vigalongo dista mucho de ser una obra perfecta, y ni mucho menos redonda. La dirección es endeble, propia de un debutante; las interpretaciones flojas, aunque quizá se salve Karra Elejalde, pero no por mucho; y el guión simplemente no tiene sentido.

Cuando se aborda el, por otra parte más que manido, tema de los viajes en el tiempo siempre, por necesidad, se acaba cayendo en el absurdo. Y por lo general los directores o escritores que se enfrascan en estos berenjenales suelen empeñarse en intentar explicar la base pseudocientífica que justifica toda la trama. No es el caso, para bien y para mal.

Para bien porque Vigalongo no entra en ningún detalle técnico sobre los viajes en el tiempo, sencillamente plantea que se puede hacer y no da explicaciones. Eso para mí es algo positivo, porque cuando toda una película se basa en una premisa fantástica lo mejor es no intentar justificarla demasiado para darle realismo, porque se corre el riesgo de hacer que quede aún más inverosímil. Los espectadores que vamos a ver este tipo de películas ya estamos predispuestos a tragarnos lo que sea, así que mejor no intentar convencernos a base de explicaciones rebuscadas.

Pero por otra parte no podemos obviar que la premisa en la que se basa Los Cronocrímenes carece de sentido desde el principio. Sin ánimo de arruinarle a nadie el argumento, sólo diré que el planteamiento inicial entra en una contradicción absurda que impide que todos los demás hechos se desarrollen lógicamente, aún aceptando la posibilidad de los viajes en el tiempo. Esto parece que le da igual a Vigalongo, si aceptamos que se puede viajar en el tiempo también podemos aceptar barco como animal acuático, por qué no. Y a mí me parece bien y hasta valiente por su parte: que la coherencia no te impida contar una buena historia.

Para seguir criticándola diré que además es poco original, o más bien que recuerda a otras películas de temática similar. Por un lado la forma de ir ampliando la historia me ha recordado a Memento, aunque no tiene mucho que ver; pero principalmente me parece una especie de copia muy básica de la excelente Primer convertida en thriller y mucho menos profunda, es decir, a la española.

A pesar de todo eso, o quizá por ello, el conjunto me ha gustado. Con todos sus defectos la he notado fresca y valiente, porque no pierde el tiempo justificándose o intentando defender lo indefendible, simplemente plantea sus premisas y a partir de ahí se dedica a contar algo con un mínimo de interés. Porque la verdad, yo estoy un poco harto de películas de factura impecable con las que directores ya consagrados nos están "obsequiando" últimamente y que al final, pues ni fu ni fa.

Buen debut de Nacho Vigalongo y recomendable para pasar un buen rato.

lunes, agosto 18, 2008

El Caballero (no tan) Oscuro

Presa del marketing viral y abrumado por la propaganda, las buenísimas opiniones previas al estreno de crítica y público y las buenas reviews posteriores; las estratosféricas puntuaciones en páginas de cine tales como imdb, filmaffinity o rottentomatoes; alguna que otra recomendación personal más que subjetiva; el calor y el hastío estival; y por qué negarlo, presa también de mi gusto por todo lo friki y lo siniestro que se dan la mano magistralmente en ese mítico cómic que es Batman, presa de todo esto fui a ver El Caballero Oscuro Andante.

Por supuesto era consciente de que no sería para tanto. Sin haberla visto era evidente que estaría muy sobrevalorada, principalmente por la desafortunada muerte de Heath Ledger y la impactante caracterización del personaje que interpretaba en la película: The Joker. Pero no estaba preparado para lo que vi, un tostón disperso y convencional. Una americanada. Una película de superhéroes mediocre y llena de clichés muy lejos de la calidad y profundidad -en tratar más o menos el mismo tema, véase: que ser un héroe conlleva estar solo, ya que atraes la desgracia sobre quienes te rodean, etc.- que otras del género, como la siempre recomendable Spiderman 2.

Aunque más adelante comentaré todo lo que está mal en The Dark Knight, lo primero que me llama la atención tras ver la película es cómo tanta gente, tanto profesionales como público, puede ponerla por las nubes. ¿Cómo pueden hablar de profundidad, de acción trepidante, de la mejor película e superhéroes de todos los tiempos...? ¿Hemos visto la misma película? Parece que no. Todo esto me hacer perder la fe en las redes sociales que tengo de referencia para algunos temas, visto que basta un poco de propaganda para que dejen de ser de fiar; a la vez que me sube algo mi autoestima al comprobar que aún soy algo crítico frente a la histeria colectiva.

Para empezar era de esperar que The Dark Knight no diera mucho de sí, ya que el director es Christopher Nolan. Posiblemente el realizador más sobrevalorado de los últimos años, y tras la secuela de Batman Begins ni os cuento. Nolan dio la campanada con Memento, una muy buena y original película que no puede dejan indiferente a nadie. Memento consigue, mérito del director, que vivas desde el punto de vista de protagonista sus tribulaciones, y además lo hace muy bien. Yo quedé gratamente impresionado, lástima que el guión flojease y al final no estuviese a la altura de todo lo demás. Aparte de Memento, que es lo mejor que ha hecho hasta la fecha, Nolan no tiene en su haber más películas dignas de mención. Insomnio y El Truco Final son olvidables; entretenidas y poco más.

La Warner llevaba tiempo intentando resucitar la franquicia de Batman retomándola desde cero después del fiasco que supusieron las infumables Batman Forever y Batman & Robin de Joel Schumacher. Tras dar muchas vueltas el encargo recayó en Nolan y el resultado fue Batman Begins, una película que, sin ser nada del otro mundo, restituía al personaje algo de dignidad y estaba hecha con cierto oficio. De Batman Begins, sobre la que no me quiero extender aquí, destacaría que me gustó el retrato que se hace de Bruce Wayne como alma torturada y dual que debe enfrentarse a sus propios miedos y que se debate entre la búsqueda de la justicia y la búsqueda de la venganza. Me gustó la evolución del personaje que desemboca en Batman y que no se abusase del hombre murciélago, de forma que este hace su aparición como tal ya muy avanzada la cinta y en versiones primitivas de sí mismo. Me gustaron estos y otros detalles -que no contaré aquí para no desvelar cosas-, pero aún así no acabó nunca de convencerme más allá de ser, en conjunto, una película de entretenimiento más.

Ahora llega El Caballero Oscuro y lo mejor es, sin duda alguna, el personaje del Joker. La caracterización es asombrosamente perfecta para el personaje de cómic y la idea que tenemos de él: sucia e inquietante, muy lejos de la pulcritud con que lo encarnó Jack Nicholson en la película de Burton. Pero es más, Ledger borda el papel acaparando todo el interés de la película. Tanto es así que cuando el Joker no está en escena todo lo demás nos importa un poco un pimiento y nos dedicamos a contar los fotogramas hasta que vuelva a aparecer.

El contrapunto al Joker lo da Batman. Y cuando digo contrapunto no me refiero al bien contra el mal, sino a que frente al Joker, un personaje interesante e inquietante, nos encontramos un Batman plano, irrelevante y soso hasta decir basta. No queda nada de la lucha interna, las contradicciones y el deseo de venganza de Bruce Wayne, ahora Batman es netamente bueno, sin matices. Un auténtico Caballero Andante en defensa de su dama. Tampoco queda nada de la sutileza con la que se trató al superhéroe en Batman Begins, ahora el murciélago aparece a todas horas en cualquier lugar, llegando a saturar tanta presencia y quitándole todo misterio. Batman ya no es el ser siniestro que acecha en las sombras de la noche, ahora es omnipresente repartiendo mamporros desde el principio de la cinta y hasta organizando complejas operaciones internacionales al más puro estilo de Tom Cruise en Misión Imposible. Todo esto llega al máximo ridículo cuando Batman, con todo su traje, su capa y sus orejitas puntiagudas; entra en la comisaría como Pedro por su casa a interrogar al Joker a todas luces y con todos los policías ahí mirando tranquilamente. Punto final a cualquier posibilidad de misterio, de inquietud o de glamour que pueda llegar a tener el hombre murciélago.

El resto de personajes, y hay muchos en lo que es una película bastante coral, quedan también completamente desdibujados. Tanto los malos como los buenos son planos y poco interesantes, de manera que en realidad no nos importa demasiado lo que les pase a unos y a otros. Michael Caine y Morgan Freeman están correctos en su papel de secundarios para dar caché al film -aunque no me cuadra mucho eso del mayordomo a la última en tecnología punta-. Gary Oldman está bien, como en casi todo lo que hace. Maggie Gyllenhaal está completamente desperdiciada, aunque claro, el papel de "la chica" no da para mucho más; y Aaron Eckhart está tan correcto y tan plano como todos los demás -y su evolución es tan superficial que da risa, pero eso no es culpa suya, es del guión-. Los mafiosos, esos hombres peligrosísimos y poderosísimos que controlan la ciudad y que tienen comprado a todo el mundo, no son en realidad más que unos pardillos y unos papanatas. Vamos, por favor... Y el Espantapájaros, un villano muy conseguido en en Batman Begins, aparece aquí esporádicamente que ni fu ni fa, mejor hubiera sido ni sacarlo.

Otro de los personajes que se desdibuja completamente hasta llegar a desaparecer como tal es la propia ciudad de Gotham. ¿Dónde ha quedado esa ciudad grandiosa y a la vez decadente, majestuosa y sucia, gótica y oscura? Gotham es en El Caballero Oscuro de Nolan una ciudad pulcra de rascacielos de cristal y tecnología punta. Ya en Batman Begins la ciudad no es tan gótica como cabría esperar, pero eso lo atribuí a cierta sutileza, a la intención de darle realismo y no quedar demasiado como un cómic, o peor, como una copia del Batman de Tim Burton. Ahora Nolan apuesta claramente por olvidar el carácter gótico y oscuro de la ciudad y nos presenta Nueva York como escenario moderno de las aventuras del superhéroe más siniestro de todos.

Buena parte de mi decepción viene porque yo esperaba alguna especie de lucha interior en Batman. Igual que Batman Begins fue un camino ascendente desde la tortura interior que culmina en el hombre murciélago justiciero, yo esperaba que El Caballero Oscuro -además, que el título lo insinúa- fuera un descenso a los infiernos, que su confrontación con el Joker lo llevara a comprender que para salirse con la suya debía de caer tan bajo como la gente a la que pretendía combatir. O algo así. Un poco de miga, vamos. Pero no, el caballero, que nada tiene de oscuro, es recto, justo y bueno. Un Caballero Andante que ni el el peor momento es vengativo, sino que tras insufribles y ñoños discursos sobre lo buena que en el fondo es la gente al final se hace el mártir, se sacrifica por los demás y el bien común. Por favor.

En fin, independientemente de lo que a mí me gustaría que hubiera sido, lo que en realidad es irrelevante, The Dark Night podría ser una entretenida americanada de acción para pasar el rato, si no fuera porque es larga y tediosa. Tiene ratos muy aburridos, básicamente cuando no aparece el Joker, y el montaje es lamentable, va saltando de situación en situación, entre tanto personaje, hasta que te marea por completo. Con varios clímax intermedios de bastante más intensidad que el clímax final la sensación que me quedó es de completa decepción. No esperaba tanto como decían las críticas, pero no esperaba tan poco y que me gustase menos incluso que la anterior.

No es la peor película del mundo, que quede claro, pero ni de lejos es lo que dicen de ella, no sé en qué está pensando la gente cuando la pone por las nubes. Y para un fan de Batman, el personaje de cómic, le debe resultar completamente insatisfactoria, muy por debajo de lo que se podría esperar de alguien que se toma en serio las posibilidades del murciélago como héroe -o antihéroe- contradictorio, violento y oscuro.

viernes, julio 11, 2008

El Incidente

Tras ver The Happening (El Incidente) de M. N. Shyamalan me entran sentimientos contrapuestos y casi me da por retractarme de todo lo que he dicho de él. Casi.

Resumo mi opinión brevemente: aunque técnicamente es uno de los mejores directores de los últimos tiempos y ha realizado películas imprescindibles, Shyamalan ha llevado una deriva en sus últimas películas que lo ha hecho caer en el más absoluto de los ridículos. Cierto que la promoción se sus películas ha sido muy engañosa lo que ha hecho que el público se decepcione, pero ese no es mi caso, sencillamente es que no me gustan.

Cualquier fan del director se estaría echando las manos a la cabeza al leer esto, porque por lo que he podido comprobar en conversaciones con algún que otro seguidor suyo, para ellos La Joven del Agua es una obra maestra y El Protegido una obra menor. Para mí es todo lo contrario, dejando aparte El Sexto Sentido, Unbreakable es la mejor de sus películas, y Lady In The Water una absoluta tomadura de pelo.

Eso sí, lo que le reconozco sin lugar a dudas es su valentía. Dejando a un lado que a mí me puedan gustar o no, sus experimentos son valientes y arriesgados y eso, en el Hollywood de hoy día, tiene todo el mérito del mundo.

Con estos antecedentes el visionado de El Incidente me dejó, como he dicho, sensaciones contrapuestas. Por una parte me gustó. Sí, me gustó. Porque era, por primera vez, exactamente lo que se esperaba de un thriller de suspense, tal y como lo anunciaba el trailer. Una película que parte de una idea original e inquietante, y que mantiene en tensión -sustos incluidos- y en la incertidumbre de qué está pasando casi toda la película. Técnicamente impecable, como era de esperar, El Incidente -sin ser tampoco la octava maravilla- es el ejemplo perfecto de cómo deber ser una película de suspense.

Lo único que le puedo reprochar, a parte de que en algún momento el ritmo flojea un poco, es que Shyamalan no puede evitar darle su toque ñoño y cursi en extremo marca de la casa que aporta los momentos más ridículos en todas sus películas, incluida esta. Además está la moralina final, que a mí personalmente me sobra, en plan "nos estamos cargando el planeta, los polos se derriten...". No entiendo la necesidad de cargarse todo el suspense y dárselo todo mascado al espectador. Parece más una exigencia de unos productores cortos de vista, que no sueltan la pasta si no se aseguran de que el público va a entender la película, que cosa del director. Aunque con Shyamalan nunca se sabe.

Pero por otra parte El Incidente es demasiado correcta para ser obra del realizador indio. Es exactamente lo que se puede esperar de un thriller, y eso está bien, pero viniendo de Shyamalan la convierte en vulgar. Da la sensación de que sus últimos fracasos en taquilla y la crítica feroz a la que se ha visto sometido lo han achantado. Parece que ha pasado por el aro, ha renunciado a arriesgar, y le ha dado a los estudios de Hollywood justo lo que esperaban de él.

Y esto es una verdadera lástima. Yo lo he criticado porque no me han gustado sus últimos filmes, pero siempre he alabado su valentía. Sinceramente, directores haciendo thrillers típicos ya los hay a puñados. De Shyamalan esperamos riesgo y una visión personal y única al margen de los dictados de la industria cinematográfica. Y aunque esos experimentos al final, en mi opinión, fracasen en la mayoría de los casos, siempre cabe la posibilidad de que de entre ellos salga una verdadera obra maestra. Posibilidad que tiende a cero si se pierde la chispa y se acaba haciendo películas del montón.

lunes, junio 02, 2008

1,1,2,3,5,8... ¡14! (que diría Bono)

El otro día vi Los Crímenes de Oxford. Por favor, menudo truño. Yo recordaba al director Alex de la Iglesia mejor, por lo menos a mí en su momento me hizo mucha gracia El Día de la Bestia, y hay que recordar también el tipo de cine que se hacía en España por entonces -tan malo como el que se hace ahora, vamos-. Pero este thriller técnicamente correcto pero lamentable en todo lo demás, no me lo esperaba. Por no hablar de los actores, que no dan el pego de ninguna manera. Un Elijah Wood que nunca debió salir de La Comarca y una Leonor Watling cuyo papel se reduce a enseñar el culo -lo único que merece la pena en la película-, por mencionar sólo dos de los protagonistas.

Normalmente esta obra no me merecía ni un comentario, pero es que en la trama contiene algo que me saca de mis casillas, más que nada porque insulta mi inteligencia y la de todo el que la vea. Me refiero al más que manido tema de los misterios de las matemáticas, la lógica, los teoremas demostrados y sin demostrar, las series de números y, en general, todos esos acertijos matemáticos chorras, incluso infantiles en algunos casos, que se envuelven en un halo de misterio místico con el fin de encandilar al espectador o lector casual.

Y es que estoy harto de que cualquier misterio, ya sea fílmico o literario, se tenga que basar últimamente en cosas como la serie de Fibonacci o similares. Qué falta de imaginación, por favor. Esta sucesión de números, por si alguien a estas alturas no lo sabe aún, dice que cada número de la serie es la suma de los dos anteriores -véase el título de este post (que contiene un chiste, aviso)-. A parte de tener muchas propiedades matemáticas curiosas -miradlo en la Wikipedia, como hago yo-, este patrón se puede encontrar en la naturaleza ocasionalmente, lo que lo hace muy interesante, como en la forma de ordenarse las pipas en los girasoles. [chascarrillo]Supongo que esto se refiere a que primero te tomas una pipa, luego otra, luego dos y ya, sin darte cuenta, te acabas la bolsa entera en progresión Fibonacci[/chascarrillo].

La cuestión es que basándose en esta y en otras curiosidades y acertijos matemáticos; nos vemos inundados de obras que, cubriéndose de un halo de misterio y mística sobre natural e intelectual, nos están vendiendo una y otra vez los mismos manidos y viejos, porque mira que son viejos, temas. A mí me encantan las matemáticas y estas cosas, pero cuando se convierten en un recurso recurrente y efectista se vuelven una completa vulgaridad.

Como ejemplo de esto que digo podemos poner el inefable Código DaVinci, o la película Pi de Darren Aronofsky, adorada por una legión de frikis y que a mí, personalmente, me parece tan pedante como absurda. Por supuesto, nuestro cine patrio, siempre tan moderno, se ha apuntado al carro de la mística matemática con producciones tan horrendas como esta de Alex de la Iglesia o La Habitación de Fermat, esta última máximo ejemplo representativo -sólo podía ser made in Spain- que contiene absolutamente todos los tópicos que critico en este post.

Hoy he visto que ha salido un libro, entre muchos -otro es, por ejemplo, Los Crímenes del Número Primo, sin comentarios-, que versa sobre un misterio en torno a una supuesta décima sinfonía de Beethoven. Me apuesto lo que sea a que relata, entre otros fascinantes misterios, cómo el compositor alemán compuso esta inédita sinfonía siguiendo el patrón de la serie de Fibonacci.

Cosa que por cierto, y que añado como anécdota positiva, sí hizo el grupo de metal Tool con su tema Lateralus, haciendo que el ritmo de la batería siga este patrón y dando lugar, por otra parte, a un temazo. Pero es que Tool son mucho Tool.

miércoles, febrero 13, 2008

Once

Entrañable Once, película musical que más parece un videoclip de 80 minutos, y que a mí me recuerda precisamente a lo que se hacía para promocionar la música cuando no existía la MTV, aquellas películas de los años 50 y 60 -pienso ahora en Elvis o en los Beatles- en las que se escribía un guión a la medida para encajar las canciones de la última obra del artista de turno y que hacían las delicias de los fans. En ese sentido nada nuevo bajo el Sol, aunque quizá sí que se reinventa el género de alguna manera, ya que hoy por hoy no se necesita de este tipo de promoción y, por tanto, la película adquiere sentido por sí misma.

Aunque no cabe duda de que la promoción le va a venir muy bien a Glen Hansard, protagonista y principal compositor e intérprete de las canciones, el cual, por lo que he podido leer, es un músico Irlandés de cierta relevancia, miembro del grupo The Frames -del que salen algunas canciones de la película- y que también ha editados discos en solitario, el último con Markéta Irglová, coprotagonista de Once, que es la base musical de toda la película. Como anécdota decir que Hansard tuvo un papel en aquella mítica película que fue The Commitments -tiro de Wikipedia, condenadme-.

Once relata la historia de un músico callejero que conoce a una inmigrante checa, la cual también hace sus pinitos en música tocando el piano cuando puede. Juntos entablan una amistad en torno a la música que les llevará a componer y grabar juntos. En contra de lo que en principio podría parecer, la película no trata de una relación o una historia de amor sino, a mi entender, del proceso de creación musical. De forma muy superficial, por supuesto, pero quizá sea la aproximación más cercana que yo recuerde que se haya hecho en celuloide -olvidemos la horrible Tú la Letra y Yo la Música-. No puedo dejar de identificarme con la imagen del protagonista en un rincón de su habitación, solo con su guitarra, intentando componer algo con sentido.

Eso sí, también pecan de ciertos estereotipos que me tocan un poco las narices, como el del músico que va a todas partes con su guitarra y todo lo dice cantando; o el hecho de que prácticamente sin ensayar sean capaces de grabar un tema a la primera en un estudio. Parece mentira que Hansard, siendo él músico profesional, se preste a algo que tiene que saber que sencillamente es imposible, pero bueno, supongo que son cosas de la dramatización, si podemos aceptar una película con un tío con calzones azules y capa roja que vuela podremos aceptar esto.

En cuanto a las interpretaciones están bastante bien teniendo en cuenta que no son actores profesionales. Markéta está correcta, pero Glen Hansard destaca claramente, tanto por la interpretación de sus canciones -ahí lo tiene fácil, es lo suyo- como en la expresividad que transmite en su interacción con el personaje de Danuse. Y la dirección, cámara en mano, le da un toque realista que te hace sentirte muy cercano a los protagonistas.

Por último -quizás debería ser lo primero- está la banda sonora. Todo el castillo se desmoronaría si la calidad de las canciones no aguantara el tirón. A quién le guste el estilo -y a mí me gusta el pop singer-songwriter, lo confieso- le gustarán sin duda estas canciones que, aunque al principio se hacen un poco cargantes, tienen un nivel bastante alto y son las que sostiene la película y a sus protagonistas y sus sentimientos. Aunque esto también tiene truco, porque es más bien un grandes éxitos de la trayectoria reciente de Glen Hansard, en solitario y con The Frames.

Resumiendo: bienintencionada, autocomplaciente y en general muy entrañable. Yo la recomiendo a quien le guste la música y las historias sencilas y sin pretensiones.

lunes, febrero 11, 2008

Esas cosas no las ves venir

Vi No Country For Old Men sabiendo que me iba a gustar. Las críticas generalizadas afirmando que era lo mejor que habían hecho últimamente -lo cual tampoco es decir mucho, luego hablaré de eso-, unidas a mi querencia por el cine de Ethan y Joen Coen me predisponían a verla con buenos ojos. Aunque esto no significa que la haya visto de forma acrítica, puesto que también es cierto -y lo digo sin jugarme la vida- que toda cara también tiene su cruz: cuantas más expectativas pones en algo más fácil es que te decepcione.

No es el caso. No Es País Para Viejos te atrapa desde el principio en su espiral de violencia tan gratuita como imparable. Posiblemente sea una de las más violentas de toda su filmografía, si no la que más. Pero eso no es algo malo, precisamente el sinsentido de la crueldad y la muerte es lo que da sentido a esta obra, y los Coen así nos lo muestran a lo largo de las dos horas que dura.

Con un ritmo lento pero perfecto y constante, y casi sin música, lo que hace más crudo aún el relato; la película va evolucionando de una, para mí, típica persecución por dinero -salpicada de episodios de acción con muy pocos diálogos-, hacia otro tipo de película casi sin darte cuenta, donde los diálogos son la miga del asunto, lo que le da sentido a todo el conjunto, y la violencia prácticamente se ha desvanecido dejando tan sólo el poso de lo absurdo que tiene.

Técnicamente la dirección es impecable, como no podía ser de otra manera. En cuanto a los actores sólo se puede decir una cosa: Javier Bardem. No tengo claro si poner cara de póker la mayor parte del tiempo con alguna que otra escena un tanto histriónica de más es una buena interpretación o no, pero de lo que no me cabe duda es que la presencia de Bardem es el centro de todo el film, que impresiona, y que sin él se desmoronaría completamente. Fijo que se lleva el Oscar, porque el papel está hecho para eso, y será un mérito compartido, tanto de Bardem como de los Coen en la dirección de actores. Por lo demás Josh Brolin está más que correcto, Tommy Lee Jones en el papel de Tommy Lee Jones y un Woody Harrelson, para mí, desperdiciadísimo.

En general es sin duda una gran película, tiene toques de Gran Cine -así, con mayúsculas- de los que no voy a hablar para no desvelar cosas; lo mejor que han hecho desde aquella maravillosa El Hombre Que Nunca Estuvo Allí. Atrás quedan sus dos últimos trabajos, las correctas, con algún punto de genialidad pero decepcionantes si las comparamos con el nivel al que nos tenían acostumbrados, The Ladykillers y Crueldad Intolerable.

Aún así, y a pesar de que No Country For Old Men está repleta tanto en los diálogos como en algunas escena del humor tan negro marca de la casa, yo prefiero a los Coen del guión original y no de las adaptaciones por las que les ha dado últimamente -¿falta de ideas?-; como en El Hombre Que Nunca Estuvo Allí que acabo de mencionar, Fargo o la obra maestra -de la que ya hablé aquí- que es Barton Fink, por mencionar sólo algunas.

martes, noviembre 06, 2007

Cassandra's Dream

No entiendo las críticas que se le han hecho a Cassandra's Dream, la última película de Woody Allen. Confieso que gracias a ellas fui a verla con mucho escepticismo, y quizá eso hizo que, al esperar tan poco, mi sensación final fuese quizá más positiva que en otras circunstancias. Eso y que la inmediatamente anterior, la floja Scoop, no era precisamente para tirar cohetes.

Pues bien, El Sueño de Casandra es una buena película que, en mi caso, me atrapó de principio a fin, arrastrándome a la bajada a los infiernos de los dos hermanos protagonistas.

Estamos, una vez más, ante la enésima revisión que hace el director neoyorquino de Crimen y Castigo de Dostoyevski. Y eso es lo único que se le puede criticar, como ya le critiqué a la magnífica Match Point: que se copia a sí mismo y que estas vueltas de tuerca pueden estar muy bien, pero que donde esté Delitos y Faltas que se quiten las demás.

A parte de eso Cassandra's Dream carece del glamour de Match Point, quizá porque lo nuevo de Allen no se ambienta en las clases más altas sino en un entorno de clase trabajadora, y eso, estéticamente, siempre viste menos. Si a esto le sumamos los toques de fino humor -del bueno- que salpican toda la película, y de los que Match Point carecía, puedo entender que dé la impresión de ser una obra menor. Pero es que sólo Woody Allen es capaz de contar un dramón de estas características y conseguir sacarte la sonrisa en lo que deberían ser los momentos más patéticos. Y creo que mucha gente no ha logrado entender lo que ha hecho el director: reírse con ironía de las bajezas del alma humana. Sin llegar a ser lo mejor de su carrera esta última obra es sin duda digna de mención y de tener en cuenta.

Aunque hay que reconocer también que no se sostendría del todo sin las excelentes interpretaciones de sus protagonistas. Ewan McGregor está realmente bien, como casi siempre, pero Colin Farrell está sencillamente genial, lo mejor de la película. Quizá algo sobreactuado, pero es que precisamente ahí está la gracia.

A todo esto hay que sumarle la preciosa banda sonora a cargo de Philip Glass que envuelve toda la película. Por fin Allen cambia el jazz por una partitura original que le da otro aire a su cine, y eso es de agradecer.

No siempre se puede rodar un Annie Hall, un Manhattan, un Hannah y sus Hermanas, un Desmontado a Harry o un Match Point -parece que va casi a peliculón por década-; pero si Cassandra's Dream es lo peor que sabe hacer Allen yo firmaba ya para veinte más como esta. He dicho.

jueves, septiembre 06, 2007

Me declaro fan absoluto de Spinal Tap

El otro día pillé por casualidad en el canal Cinematk un documental sobre un grupo heavy de los 80s, o quizá de finales de los 70s, y me quedé un rato a verlo a ver quiénes eran, puesto que no me sonaban sus caras para nada -raro, raro, que yo tuve mi buena etapa heavy en mi mocedad...-. Conforme avanzaba vi que retrataba una gira del grupo Spinal Tap, con entrevistas a sus miembros, tomas de los conciertos e incluso intimidades en el backstage.

Al poco de verla, cuando el guitarrista solista enseña su colección de guitarras y sus amplificadores -cuyos potencímetros llegan hasta el 11, porque "los normales sólo llegan hasta 10 y con estos puedes subir el volumen más allá, hasta el 11"-, empecé a sospechar... Efectivamente, aunque me despistó al principio porque no sabía lo que estaba viendo, se trata de un falso documental, una película dirigida por Rob Reiner, titulada "This is Spinal Tap"(1984), sobre el mundo del rock, que parodia sin piedad todas las chorradas que envuelven a los grupos de cierto éxito.

Uno por uno machaca todos los tópicos de las bandas de rock a través de una interminable serie de gags desternillantes -sobre todo para quien esté familiarizado con este mundo del rock-. Desde los líderes de personalidades carismáticas que en realidad no hacen más que decir una tontería tras otra, hasta la novia de uno de ellos que desestabiliza al grupo -a la pobre de Yoko Ono le tienen que estar pitando los oídos cosa mala-; pasando por las puestas en escena absurdas en la gira o las declaraciones ridículas sobre sus propios temas -"nuestras letras antes eran muy tontas, pero ahora con "Granja de Sexo" hemos madurado mucho"-. Demoledor.

A mí, así de primeras, me recordaron a los Beatles, Iron Maiden, Led Zeppelin... como poco. Pero creo que la crítica despiadada de esta película es aplicable a todo grupo habido y por haber que se haya creído alguna vez algo en el mundo de la música.

Como curiosidad decir que los protagonistas dieron una gira después de la película como Spinal Tap con los temas de la banda sonora. Y es que bien pensado los temas, aunque paródicos, no están tan mal. Cosas peores nos tragamos en los 80s. ¿O no?

Muy recomendable en general, pero sobre todo para frikis del rock con sentido del humor y ganas de echarse unas buenas risas. Y ganas también de hacerse una autocrítica, porque ¿quién está libre del pecado de haber sido fan -o serlo aún- de alguna panda de fantoches como los que retrata la película?

martes, mayo 22, 2007

Zodiac

Que David Fincher es un director que me gusta no es ningún secreto. Seven y El Club de la Lucha son peliculones -sobre todo esta última-. Comenzó haciendo videoclips y dio el paso al cine debutando con Alien3, una secuela regularcilla, pero que ya apuntaba maneras técnicamente hablando. Tras eso la carrera ha sido meteórica. Con la excepción de La Habitación del Pánico, un thriller muy correcto y que a mí me gusta mucho, pero muy lejos de sus grandes obras anteriores.

Eso, y el hecho de que haya tardado cinco años en filmar su nueva película, me hacían no tener muchas esperanzas en Zodiac. Y para más inri trata sobre un asesino en serie. ¿Una vuelta de un director de capa caída a la fórmula de Seven que tan buenos resultados le había dado? Tiene toda la pinta.

Pero no. Zodiac es un film sorprendente. Para empezar no tiene nada que ver con un thriller, o por lo menos no con lo típico del género. Fincher toma el camino difícil para hacer un peliculón que se centra en las obsesiones de aquellos que siguieron el caso. Y a través de sus idas y venidas, de sus vueltas en círculo, de sus caminos a ninguna parte nos arrastra a sentir la misma frustración y desesperación que los protagonistas.

Con una narrativa casi documental, Zodiac nos cuenta los detalles de una investigación que se extiende durante años, y del papel que jugaron en ella los medios de comunicación plegándose a los deseos del asesino y convirtiéndolo en una estrella mediática -recordemos que está basada en hechos reales-. No hay lugar en la película para resoluciones facilonas y complacientes. Los espectadores seguimos las pistas de la mano de los que las investigan en pantalla, nos ilusionamos con ellos cuando parece que apuntan bien, y nos decepcionamos igualmente cuando no llevan a ninguna parte. Una película sobre un asesino en serie como ninguna otra que se haya hecho y que yo conozca.

También he de mencionar el gran trabajo que hacen los actores. Jake Gyllenhaal y Robert Downey Jr. están realmente bien. Incluso Mark Ruffalo hace un gran papel, aunque a mí este actor en concreto nunca ha acabado de convencerme, quizá me gustó en ¡Olvídate de Mí!, pero porque era un rol de excéntrico que se sale de su registro habitual.

Pegas: la excesiva duración. No cabe duda de que dos horas y cuarenta minutos es demasiado para lo que quiere contar, y que se podría haber reducido el metraje a poco más de 120 minutos sin que repercutiera demasiado en la historia; y a cambio dotaría a la película de algo más de ritmo, haciéndola más densa y evitando los momentos en que queda un tanto dispersa. Puedo entenderlo en el sentido de no solo ser fiel a libro en que se basa, sino de además intentar transmitir las dimensiones de la investigación y su dilatación en el tiempo, y de esa forma sumergir al espectador completamente en la historia. Pero aún así sigo pensando que es demasiado larga, y que con una duración menor habría sido simplemente perfecta. Y si quería meterlo todo pues que lo hubiera dejado para la versión extendida en DVD, que para eso están, digo yo.

En cualquier caso Fincher hace un trabajo de dirección excepcional que seguro que lo va a encumbrar como uno de los mejores directores del momento. Una película original, valiente y arriesgada donde las haya. No sé si decir obra maestra, pero por lo menos imprescindible para los amantes del buen cine. El resto a ver Spiderman 3.

jueves, abril 19, 2007

Yo soy tu hombre

El otro día vi I'm Your Man, el documental sobre Leonard Cohen, y la verdad es que no me puedo cansar de recomendarlo. Por un lado porque es una forma perfecta de acercarse a la música de este genio de la segunda mitad del siglo XX. Y por otro por las interpretaciones de sus canciones que hacen los artistas invitados.

La estructura del documental es bastante original, dentro de lo que puede dar de sí el género. A través de un concierto homenaje intérpretes de la talla de Nick Cave, Rufus Wainwright o Antony Hegarty -de Antony and the Jonhsons, que por cierto hace una versión increíble de If It Be Your Will- hacen un repaso a toda la carrera del autor. Además, entre tema y tema se intercalan comentarios del los artistas y del propio Cohen sobre sus canciones o su biografía.

Las únicas pegas que le puedo sacar son la presencia de U2 -de los que soy fan de toda la vida, pero vamos, no puedo con Bono y Cía cuando de ponen guays- y un cierto aire que impregna toda la película como a homenaje póstumo. No hombre, no, que a Leonard Cohen todavía le queda mucha cuerda, digo yo...

Pero por lo demás esta cinta ha servido para aumentar más si cabe mi admiración por este hombre y su música -y sus letras, por supuesto-. No os lo perdáis.

martes, febrero 27, 2007

Oscars 2007: ni fu ni fa

Ningún interés han despertado en mí los premios de la Academia de Hollywood este año. Es cierto que he visto muy pocas de las películas nominadas, pero es que ni esas ni la mayoría de las que no he visto me han interesado demasiado.

Independientemente de cuál fuera el resultado de la ceremonia, la verdad es que ya era anodina a priori gracias los nominados. Películas como The Queen, directores como Paul Greengrass por United 93 (¡!), actores como Will Smith o Eddie Murphy... La lista es tristemente interminable. Nada que ver con los del año pasado donde, a pesar de la habitual decepción final, las nominaciones fueron muy arriesgadas y tenían mucha miga.

El "triunfador" de la noche fue Martin Scorsese. Pues mira, sin ver la película y teniendo en cuenta su trayectoria reciente (El Aviador, Gangs of New York o Al Límite...), me da a mí la impresión que Infiltrados muy buena tampoco va a ser -eso por no hablar de que es un remake de Infernal Affairs, película made in Hong Kong-. Más bien lo que me parece es que le han dado los Oscars como premio más que nada a su carrera. Claro que tampoco tenía mucha competencia. Lo bueno de esto es que Eastwood no se ha llevado nada, y eso está bien para bajarle los humos. No porque no me guste, que yo me quito el sombrero ante el pulso que tiene como director; sino porque me pareció realmente excesiva la acaparación de premios por la sobrevaloradísima Million Dollar Baby.

Estoy deseando ver Pequeña Miss Sunshine, Oscar al mejor guión original (lo cual a veces significa mucho -como en ¡Olvídate de Mí! en el 2005- y otras nada -como en Crash en el 2006-), de la que todo el mundo habla muy bien. También La Vida de los Otros (mejor película extranjera), aunque reconozco que, sin ser la octava maravilla, El Laberinto del Fauno está muy bien e igual hubiera debido llevarse ese premio. Y en cuanto pueda veré también Babel, porque Amores Perros y 21 Gramos -sobre todo esta última- me gustaron mucho.

Por lo demás ni fu ni fa, me importa un pimiento quién se llevase las estatuillas. El año pasado decía que los Oscar eran la prueba de la buena salud del cine yankee, este no lo tengo tan claro. Al final el mejor resumen posible de los Oscars, y por ende de todo el cine norteamericano del 2006, va a ser que lo más interesante de la gala fue el impresionante vestido rojo de la impresionante Nicole Kidman. Así que fotico para ella, la reina de la elegancia y el glamour.

martes, enero 16, 2007

Una de dibujos

Cuando dicen que Hayao Miyazaki es el mejor director de animación de la historia por algo será. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Ese estilo manga tan personal y original, que ha creado escuela, tengo que reconocer que me ha enganchado, y eso que yo no soy nada aficionado a la animación. Pero su cine, aunque principalmente dirigido a un público infantil o juvenil, tiene algo de universal que supera las barreras generacionales.

Desde que vi "El Castillo en el Aire" se me despertaron unas ganas casi incontenibles de ver más películas de este hombre. Así que en cuanto pude visioné la famosa "La Princesa Mononoke", una preciosa, y no demasiado optimista por cierto, fábula sobre la dicotomía hombre-naturaleza; que no solo me encantó, sino que me enganchó aún más a este tipo de cine -para sorpresa mía, desde luego-.

Las siguientes que vi son sus dos últimas producciones hasta la fecha: "El viaje de Chihiro" y "El Castillo Ambulante". La primera galardonada con el Oscar a la mejor película de animación, y la segunda debería estar nominada este año, sin duda. Ambas me parecieron alucinantes. Por un lado por su mensaje ecologista y pacifista -algo general en el cine de Miyazaki-, pero sobre todo por el desbordante derroche de imaginación en cada dibujo, en cada plano, en cada unos de los fantásticos personajes y seres que pueblan esos mundos tan particulares...

Y es que a veces uno necesita despojarse de prejuicios de adulto y volver a ver las cosas con los ojos de un niño, y el cine de Hayao Miyazaki es desde luego ideal para eso.

domingo, diciembre 31, 2006

A M. Night Shyamalan no hay por dónde cogerlo

Cuando fui a ver El Sexto Sentido al cine, por entonces sin muchas referencias más allá del trailer en la tele, fui a ver una película de susto y poco más, pero acabé saliendo del cine con la boca abierta -supongo que como la mayoría de gente que la ha visto-. Y es que hacía mucho que no disfrutaba y me impactaba tanto una película. ¿Cine tramposo? Según mi punto de vista no. Para mí el cine tramposo es aquel en el que "la trampa" es predecible -aunque no se sepa muy bien lo que es, se sabe que está ahí-, o es la única justificación del film y el resto es paja para llegar al giro final. No es este el caso, pues aquí ese tipo de recursos es solo la guinda de un hermoso pastel. Para mí este es el cine "de verdad", el que tiene la capacidad, todavía en estos tiempos, de absorber al espectador y sorprenderlo haciendo que salga de la sala con los ojos abiertos como platos.

El Sexto Sentido es una película casi perfecta, con las dosis justas de suspense y drama, sin abusar de los sustos fáciles y rodada con una maestría y una elegancia ejemplares. Consiguiendo el aplauso de la crítica y el público a la vez, esta película lanzó a la fama a M. Night Shyamalan como uno de los directores/guionistas -lo que se llama cine de autor- más interesantes, sorprendentes y personales de los últimos tiempos. Y lo cierto es que él mismo se puso el listón muy alto.

La siguiente, y esperada, película de Shyamalan fue El Protegido. Una pequeña joya que, aún siguiendo la línea de estilo que marcaba en El Sexto Sentido y que, a grandes rasgos, se convertiría en su sello de identidad en todas sus películas; era un paso arriesgado y valiente en una dirección que se alejaba de la tentación de aprovechar el filón de su anterior éxito. En mi opinión menos ambiciosa y más intimista si cabe, El Protegido es de esas películas con un encanto especial, para ver una lluviosa tarde de domingo. Quizá lo que hizo que pasara más o menos desapercibida -sobre todo en comparación su predecesora- fue que su argumento se basara en los cómics y los superhéroes, algo que, de alguna manera, limita su público potencial a un sector más joven, y por qué no decirlo, más friki. En cualquier caso yo estoy convencido que irá ganando adeptos y que se convertirá, si no lo ha hecho ya, en un film de culto con el paso del tiempo.

Hasta aquí lo bueno. Su cuarta película, Señales, fue para mí una decepción total. Aunque con una factura técnica impecable, como siempre, Shyamalan nos presentó un disparate sin demasiado sentido, a medio camino entre un reportaje de Iker Jiménez y un episodio de la temporada más decadente de Expediente X. Todo ello sazonado, ahondando en lo peor de su estilo, con un melodrama sensiblero donde un lamentable Mel Gibson hace de un cura que ha perdido la fe a causa de la muerte de su mujer en un accidente de tráfico. Si el desarollo de la película es, como mínimo, endeble, aunque tiene algún momento en que despierta tu interés; la resolución es todo un despropósito sin pies ni cabeza.

Todo esto parecía que se iba a enmendar con su siguiente propuesta: El Bosque. Desde luego los trailers prometían mucho, y yo fui uno de los que fui ilusionado al cine a verla. Y, al igual que he dicho que pocas veces he salido tan sorprendido del cine cuando hablaba de El Sexto Sentido, también digo que pocas veces he salido tan decepcionado como cuando vi El Bosque. Y cuidado, no es culpa de Shyamalan, sino de una promoción realmente engañosa que, aferrándose a un par de escenas "de susto" sueltas, construyeron un trailer que en absoluto tenía nada que ver con la película. (Aprovecho para recomendar que no veáis ningún trailer de cine si podéis evitarlo, porque hoy día el 95% de ellos se dividen entre los que te venden una película que no es, y los que te muestran todo el argumento y poco más hay que ver que lo que ya te han contado en el anuncio).

Volviendo a El Bosque, desde luego es mucho más decente que Señales -sobre todo una vez pasado el shock entre lo que te venden y lo que es-, pero aún así el resultado no convence. Esta vez la trampa es tan previsible como carente de sentido, y los buenos momentos que pueda tener el film -que los tiene-, se ven mermados por escenas caprichosamente absurdas que le restan el mínimo de credibilidad exigible a una película para no salir del cine pensando que es una tomadura de pelo. Para ser justos he de destacar que estéticamente es para quitarse el sombrero. Seguramente la película en ese sentido más bella de Shyamalan y, en general, de los últimos tiempos. El hombre tiene oficio, eso es innegable.

Con estos antecedentes ya iba mentalizado para ver La Joven Del Agua, última película suya hasta la fecha. Iba preparado para ver algún tipo de disparate sin sentido y, efectivamente, fue lo que me encontré. La Joven Del Agua es una especie de fábula muy infantil para el público adulto y muy adulta para el público infantil. Quizá solo para adultos con mente de niño, pero tampoco estoy seguro del todo. De lo que estoy seguro es de que conforme más avanza la película más cuenta te das de la monumental chorrada que es, eso sí, muy bien intencionada.

Yo le reconozco a M. Night Shyamalan que es desde luego uno de los directores más personales y valientes del panorama actual. Alguien que se arroja a la piscina para hacer lo que a él honestamente le gusta hacer, diga lo que diga la crítica y hasta el público, lo cual es digno de admiración. A eso hay que sumarle que técnicamente es casi un maestro. Su forma de dirigir, sus planos, su estética y algunos de sus guiones son realmente geniales. Pero en cualquier caso, salvo las dos primeras películas que he comentado, a mí el resultado final de lo que hace últimamente no me convence en absoluto. Creo que se puso el listón muy alto al principio, y al ver que no podría volver a llegar a ese nivel se dedicó a hacer un más difícil todavía dentro de su estilo personal, conmovedor, fantástico, incluso mágico, pero en general autocomplaciente.

viernes, diciembre 22, 2006

You never go ass to mouth

Pues ahora que veo Clerks II la verdad es que no entiendo a qué vino la famosa ovación de ocho minutos en Cannes, en este festival cada día están peor. En cualquier otra circunstancia no habría esperado mucho de esta secuela, en primer lugar porque no por manida deja de ser verdad la frase "segundas partes nunca fueron buenas". Y en segundo porque la trayectoria del casi siempre desternillante, y por momentos genial, Kevin Smith iba de capa caída, sobre todo después de la sosísima comedia romántica Una Chica de Jersey, con la que supongo pretendía dar el salto a un cine más comercial -y más rentable también-. Pero las críticas su última película, sobre todo en Cannes, aumentaron mis expectativas considerablemente.

Pero nada. Chasco. Clerks II es, más que una secuela de Clerks, una mezcla de sus dos películas inmediatamente anteriores: la ya citada Jersey Girl y Jay y Bob el Silencioso Contraatacan. Una mezcla a partes iguales entre una comedia romántica superficial, absurda hasta el extremo y llena de tópicos -la tía buena se va con el friki al final-; y una vuelta de tuerca más a los chistes soeces a los que nos tiene acostumbrados, un más difícil todavía que carece de la frescura de la original y que a mí entender ya había llevado al límite en la última de Jay y Bob.

Eso sí, si te gusta Kevin Smith te vas a reir, porque graciosa es un rato, con momentos realmente memorables como la disputa entre los fans de la trilogía del Señor de los Anillos y los de La Trilogía, ya que trilogía solo hay una -no tengo que especificar cuál, ¿verdad?-. (Por cierto que hay que tener valor para criticar las secuelas de dicha trilogía en lo que es otra secuela de un clásico del cine indi... ¿Se daría cuenta de esa ironía cuando lo hizo o es una coña más?).

En fin, ideal para frikis, pero decepcionante en general. Da la impresión de que Kevin Smith no sabe hacer otra cosa, y que cuando ha intentado hacer guiños a la comedia romántica no le ha salido nada bien y tiene que volver al redil a hacer lo que mejor se le da, aunque para ello tenga que repetir la fórmula más que el ajo.

¡Ah!, y que nadie se confunda, cuando digo que Clerks II es en parte una "comedia romántica" no quiero decir que uno deba ir a verla con sus sobrinitos preferidos. En tal caso yo no me hago responsable.

lunes, noviembre 20, 2006

I don't need to work out, my anxiety acts as aerobics

En primer lugar me veo obligado a dejar claro que yo soy -casi- un fan incondicional de Woody Allen y su cine. Y me refiero en todos los aspectos, tanto en la más pura comedia como en los más oscuros dramas. Salvo un par de excepciones en toda su filmografía que me decepcionaron bastante, el resto me parecen en su mayoría obras maestras y la que menos es para darle un 7 sobre 10.

El cine de Allen en general, dentro de su estilo característico, tiene una cualidad que para mí es fundamental, y es la forma de abordar temas serios y transcendentales, o situaciones dramáticas, desde el más hilarante -una veces fino, otras al puro gag- sentido del humor. Esto desde luego tiene excepciones por los dos extremos. Por el dramático tenemos ejemplos como Interiores o Septiembre que no tienen ningún atisbo de comicidad. Por el cómico tenemos las primeras comedias como Toma el Dinero y Corre o El Dormilón, y algunas de las últimas como Granujas de Medio Pelo, donde Woody se centra en sacar la carcajada al espectador sin casi profundizar en ningún tema trascendente.

A mí me gustan todas: tanto el Allen serio, como el serio pero desde la comedia, como el puramente cómico del gag y la carcajada. Scoop es de este último tipo de película. No va más allá de una comedia ligera, ingeniosa y desde luego con momentos muy graciosos -yo por lo menos me reí un rato-. Pero sin duda es una película menor del genio de Manhattan, porque si bien, como he dicho, es muy cómica no me pareció que lo fuera lo suficiente como para justificar del todo un argumento tan ligero.

Scoop recuerda de alguna manera a películas como Misterioso Asesinato en Manhattan o La Maldición del Escorpión de Jade. Sin embargo no llega ni de lejos a la altura de la primera, que a mí me parece una indiscutible obra maestra de la comedia contemporánea, y yendo más en la misma línea de la segunda no llega a ser tan graciosa.

En resumen, un Woody Allen para pasar el rato y echarse unas risas sin ir más allá. Quizá la película más light de los últimos tiempos, incluidas las más light de la época con Dreamworks. Solo para fans y para amantes de la risa fácil a los que Match Point les pareció un tostón.

miércoles, octubre 25, 2006

Grandes Directores. Hoy: Richard Linklater

Hace no mucho hablaba de pasada en un post anterior de Julie Delpy, y de cómo entró a formar parte de mi Hall Of Fame personal por su participación en las películas Antes del Amanerecer y Antes del Atardecer, ambas de Richard Linklater.

Recuerdo que me enfrenté a Antes del Amanecer, casual e irónicamente, una madrugada de insomnio, cuando el astro rey estaba apunto de llamar a mi ventana. Lo cierto es que quería ver una película que me ayudara a conciliar el sueño, y la romántica historia de dos jóvenes paseando por Europa -según la sinopsis- me parecía perfecta para ello. Pero vaya sorpresa me llevé. Cuanto más romántica se volvía más interesado estaba yo: no pude dormir.

La película cuenta la historia de la noche perfecta que a todos -o por lo menos a mí- nos gustaría tener alguna vez: dos jóvenes que se encuentran por casualidad y que mientras pasean por la noche de Viena, y hablan y hablan de lo divino y de lo humano, comienzan a enamorarse. Y todo ello contra reloj, ya que ella parte a París y él a Estados Unidos al amanecer.

Técnicamente es una obra maestra, aunque el argumento es, a priori, muy sencillo, la fuerza está en los diálogos y en un guión -también de Linklater- perfecto. Tan perfecto como el ritmo que el director le da la película. Y eso por no hablar de los planos secuencia por las calles de Viena. En definitiva, rodada con sencillez, con gusto y con mucha honestidad -se me ocurre más de un director/a que podrían aprender de pelis como esta-.

Sorprendentemente lo mismo se puede decir de su secuela Antes del Atardecer, y digo "sorprendentemente" por aquello de que nunca segundas partes fueron buenas. No es el caso. Un guión más maduro -por lo que cuenta y por cómo lo cuenta- y, aunque diferente, igual de bueno que el otro. Hay que destacar que tanto Ethan Hawke como Julie Delpy -los protagonistas- colaboran en este guión en el desarrollo de sus personajes, lo que nos deja ver cómo los mismos actores han llegado a encariñarse o identificarse con ellos hasta querer influir en por dónde va la historia.

Antes del Atardecer transcurre varios años después y esta vez por París en vez de en Viena, y además en tiempo real -sí, sí, si la película dura 80 minutos lo que cuenta ocurre en exactamente 80 minutos, sin saltos en el tiempo-. Hay quien la ha criticado por considerarla innecesaria, y porque de alguna manera rompía la magia que se había creado al final de Antes del Amanecer. Desde luego que hacer una secuela era algo muy arriesgado y que las probabilidades de arruinarlo todo eran mucho mayores que las de salir airoso del experimento. Pero, a pesar de que con esta continuación, efectivamente, algo se pierde de lo que nos dejó la primera parte, hay que reconocer que el equipo Linklater-Hawke-Delpy sale más que airoso del trance dejándonos una obra maestra que yo personalmente les agradezco profundamente.

La otra gran película que he visto de este director es Waking Life. Quizá una de las más raras que yo haya visto. En ella Richard Linklater nos demuestra cómo es un maestro a la hora de escribir diálogos. A través de una consecución de conversaciones vertiginosas se abordan casi todos los grandes problemas de la filosofía y la existencia -en algunos momentos con un lenguaje muy técnico que puede hacer que más de uno se pierda-.

Normalmente yo criticaría este tipo de cosas tan pedantes o pretenciosas, diciendo algo así como que "si quieres hablar en serio de filosofía escribe un libro -o una enciclopedia, dada la extensión de los temas- y no lo hagas con una película de 90 minutos". Pero tengo que reconocer que está bien hecha, es interesante y hasta perturbadora en algún momento. Y por qué no decirlo, no es muy común poder ver una película seria que te haga reflexionar sobre ciertas cosas, y nunca está de más. Aunque es evidente que Waking Life no es para todo el mundo, yo no puedo dejar de recomendarla encarecidamente. Los más pedantes seguro que la disfrutan.

En el aspecto técnico la película también sorprende, ya que está rodada con actores reales y luego dibujando encima de los fotogramas, con lo que queda una mezcla entre película de animación y película normal. De hecho se puede distinguir perfectamente a los actores que hay detrás, como el caso de los antes mencionados Julie Delpy y Ethan Hawke que hacen un cameo, o el propio Richard Linklater que aparece en uno de los diálogos al final de la película.

Pero no todo son obras maestras en la filmografía de este director. The Tape, aunque claramente una obra menor, es una interesante cinta digna de mención. Sin embargo no se puede decir lo mismo de Una Pandilla de Pelotas -remake de una comedia del mismo título de los años 70- y de Escuela de Rock; ambas bastante flojas -eso sí, técnicamente correctas, que el vale vale-. Para ser justo con esta última he de decir que, dentro de su superficialidad, está entretenida y no es mala del todo, eso sí, siempre que la veamos en versión original -lamentable el doblaje a cargo del "niñato" de El Canto del Loco-. En fin, ya sabemos cómo funciona el mundo del cine: de películas como Waking Life no se puede vivir y de vez en cuando hay que hacer algo que tenga contento al estudio para que luego te dejen hacer lo que realmente te gusta hacer.

Y eso nos lleva su última película: A Scanner Darkly. Recién estrenada en los cines de nuestro país, eso sí, como mucho en 4 salas en toda España y sin absolutamente ninguna publicidad. Protagonizada por Keanu Reeves, Robert Downey Jr., Woody Harrelson y Winona Ryder -ahí es nada-; basada en una novela de Philip K. Dick -el de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", relato en el que se basó Blade Runner-; y rodada con la misma técnica que Waking Life. La cinta promete mucho, mucho, mucho. Esta sí que parece que va a ser de las buenas y yo estoy deseando verla. Claro que, visto lo visto, en el cine va a ser imposible. Luego habrá quien se queje de que la gente no va a las salas y busca otras alternativas...

lunes, octubre 16, 2006

De decepción en decepción

Dos películas que llevaba tiempo queriendo ver han supuesto para mí una gran decepción. La primera de ella ha sido Hard Candy, la cual tengo en mi lista de "pelis por ver" desde hace meses, desde que leí las críticas que la ponían por las nubes. El tema de los abusos infantiles es siempre un tema polémico y difícil de tratar en la gran pantalla, aunque parece que se está poniendo de moda: una película sobre pederastas tiene la controversia asegurada, y con ella una buena publicidad. Ejemplos de films valientes, y que a la vez salgan airosos del trance de meterse en un tema tan espinoso, para mí son El Leñador y la inclasificable Palíndromos.

Sin embargo Hard Candy no creo que tenga la misma suerte que las anteriores. De tan provocadora que quiere ser acaba resultando desagradable y totalmente inverosímil. Lo que hace que la moralina que se nos quiere transmitir quede desvirtuada por completo. Además, el concepto central de la película me recuerda demasiado a La Muerte y la Doncella de Roman Polanski, solo que aquí en vez de ser el tema la violación política es la violación infantil. Por cierto que este actor y director de cine es explícitamente mencionado en la película -aunque por otras razones-, pero no sé, igual es una forma de reconocer que se han basado en él para ciertas cosas.

Yo sin duda prefiero a Polanski de aquí a Lima y tengo que decir que Hard Candy me decepcionó bastante. De los efectos videocliperos no voy a hablar, porque para qué...

La otra película que ha completado mi semana de decepciones es El Asesinato de Richard Nixon. Protagonizada por Sean Penn, actor que cada día me gusta más, prometía mucho, y sin embargo es un tostón sin demasiado sentido.

La cinta parece tener -y digo "parece" porque no lo tengo nada claro- algún tipo de mensaje social, de crítica al sistema. El Asesinato de Richard Nixon es el retrato de un loser -ese concepto tan americano-, un personaje gris y sin expectativas que nunca alcanzará el american dream, y que conforme va avanzando la película va siendo cada vez más consciente de ese hecho, lo que lo conduce directamente a la locura.

Y aquí es donde pincha, porque al final la sensación que me queda es que me han contado la historia de un chalado sin ningún interés, dudando si el mensaje es que el sistema arrincona a tipos como este, o que solo los inadaptados critican a un sistema que, por otra parte, no tiene demasiadas pegas. Yo me inclino por pensar simplemente que la película carece de un mensaje definido, o mínimamente interesante, y que en cualquiera de los casos es un peñazo.

Lo mejor, como siempre, el minúsculo -y desaprovechadísimo- papel de Naomi Watts.