Escuchando...

miércoles, mayo 07, 2008

El Patinazo

Se veía venir. La impecable trayectoria de Nine Inch Nails se ha truncado con la aparición de su último disco, The Slip (traducido literalmente: "el resbalón" o "el error"). El título no podría ser más apropiado. Y digo se veía venir porque hace tiempo que vengo alertando de que el ser tan prolífico iba a ir en detrimento de la calidad de sus trabajos, como así finalmente ha sido.

Ghosts I-IV ya dio pistas de por dónde iban los tiros. Un disco que escuché dos o tres veces y... ¿para qué más? Pero bueno, era algo experimental y también valiente por la extensión, así que bueno, se puede justificar. Pero con The Slip no se puede ser tan benévolo, ya que se trata de un disco "convencional", y tan convencional, tanto en el formato como en el contenido. Diez temas que son -nunca pensé que diría esto de NIN- más de lo mismo, pero peor.

La época dorada de Trent Reznor pasó, eso está claro. No volverá a haber un Downward Spiral o un The Fragile. Como debe ser, porque son irrepetibles y porque tuvieron su momento. Pero la "vuelta" de NIN fue más que honrosa, con With Teeth, un disco más rockero, sin la complejidad de los anteriores, pero con grandes temas. A With Teeth le siguió Year Zero, mucho más electrónico y mucho mejor en general; más currado y también con temas impresionantes. Todo apuntaba a que la cosa seguiría así, sin tocar el cielo como en los 90, pero aún regalándonos un trabajo de altísima calidad.

La primera advertencia de que esto no iba a seguir así la tuvimos con Ghosts I-IV, aunque, como he dicho, había razones para que no cundiese el pánico. Pero la confirmación vino la semana pasada con lo que es el primer single de The Slip: Discipline. Una canción sosa, simple y popera hasta decir basta. Y ahora llega el resto del disco y... no remonta, no señor. Más rockero que Year Zero es como una vuelta a With Teeth pero en malo. Se nota poco currado, poco elaborado y lo temas no son nada del otro mundo; con alguno instrumental que ya hemos oído mil veces antes, y ya con Ghosts I-IV ni te cuento -qué tiempos aquellos de los temas instrumentales de The Fragile, que cada uno era un mundo y una obra maestra en sí mismo-.

Que sí, que The Slip lo ha sacado bajo licencia Creative Commons y que se puede descargar de forma gratuita desde la web oficial y todo eso, que está muy bien. Pero si no te curras la música, ¿de qué vale? Radiohead hicieron lo mismo y han triunfado, pero es que lo suyo es un dis-ca-zo , sin ninguna duda. En fin, supongo que los fans somos muy exigentes, pero ya va siendo hora de pensar que Nine Inch Nails está de capa caída. Sí, es muy prolífico, muy coherente y hace muchas cosas guays. Pero musicalmente ya no es lo que era y, probablemente, ya nunca volverá a serlo. Espero equivocarme.

A mí me gusta hablar de NIN, y de mis obsesiones en general, que para eso tengo un blog, leñe. Pero ya me estoy cansando de escribir un post cada semana sobre Reznor. De tan prolífico que se ha vuelto ya satura. Lo digo ya: si va a sacar discos con la regularidad con la que sale el Hola, que no cuente conmigo.

De momento yo juro no escribir más sobre NIN hasta que hagan algo musicalmente relevante.

jueves, abril 10, 2008

Some kind of monster

El otro día vi el documental Some Kind of Monster de Metallica, sobre la grabación de su, hasta ahora, último disco de estudio: St. Anger. Documental que me parece de obligado visionado para todo el que tenga algún interés en el mundo de la música rock, su industria y cómo son los grupos por dentro. Eso sí, si lo queréis ver os recomiendo que lo bajéis de Internet, para no darles ni un duro más del necesario a esta gente.

El documental en principio iba a ser un making of del disco, que supongo serviría a modo de promoción. Pero las tensiones dentro del grupo y la adicción al alcohol de James Hetfield hicieron que el proceso de grabación se retrasa mucho, posponiendo también el documental, que acabó siendo algo muy distinto a lo que se planteaba inicialmente. Yo no sé hasta que punto es pose o es real, pero a mí me parece bastante sincero. Hay que echarle narices para sacar un documental de estas características que más que glorificarlos los hunde en la miseria.

En primer lugar quedan retratados como lo que son: unos gilipollas. Sobre todo Lars Ulrich, el batería y, según mi impresión de siempre -que creo queda demostrada en el vídeo-, el que lleva las riendas del grupo. Responsable tanto de la creación de Metallica, como de la nefasta mezcla del, por otra parte, estupendo disco ...And Justice For All; o de la persecución a Napster en la que se enfrascaron, dejando su ya pobre imagen a la altura del betún -por mencionar sólo algunos hitos-. En Some Kind of Monster podemos verle emborrachándose mientras festeja la venta de su colección de cuadros por muchos millones de dólares. Qué asco de tío, por favor.

James Hetfield, cantante y guitarrista, no queda mucho mejor. Lamentable ver cómo se vanagloria de haber estado dos semanas en Rusia matando osos. A pesar de eso, y de que durante el documental no da precisamente la impresión de ser la persona más inteligente del planeta, se resarce con el empeño que le pone a desintoxicarse, y que retrasa considerablemente la grabación del disco, hasta el punto de que el resto de la banda duda del futuro del Metallica.

Por último está Kirk Hammett, que pasa más desapercibido y que me dio la impresión de ser un tanto panoli. La verdad es que en conjunto dan una imagen más cercana a la parodia de Spinal Tap que a la idea que podamos tener de uno de los grupos más grandes de la historia del heavy metal.

En el documental lo que se ve es un grupo de personas inseguras y dubitativas, que no se soportan -de hecho el bajista Jason Newsted abandonó el grupo poco antes por estas tensiones-, pero que están obligados a entenderse porque están inmersos en algo más grande que ellos y que les supera: la máquina de hacer dinero que es Metallica.

Hasta tal punto están mal las cosas que contratan a un psicólogo sacaperras especializado en estrellas con problemas -ya sé que suena a chiste- y comienzan a hacer terapia de grupo. Las escenas en torno a este aspecto en el documental son realmente patéticas; llegando a su punto álgido cuando, siguiendo los consejos del terapeuta, Lars se reúne con Dave Mustaine -ex guitarrista de Metallica y líder del famoso grupo Megadeth- para pedirle disculpas por haberlo echado del grupo y este último se lamenta como una nenaza de "lo que ha tenido que pasar" por haber sido expulsado de Metallica. Impagable.

También podemos ver el casting para incorporar a un nuevo bajista, al que se presentan gente como Jeordie White, alias Twiggy Ramirez, -ex Marilyn Manson- y Danny Lohner -ex Nine Inch Nails-. Y yo me quedaba a cuadros viendo como hacían esta audición músicos de un nivel bueno para NIN o Manson, pero ni de lejos a la altura técnica de Metallica. Menos mal que al final cogieron a Robert Trujillo, que sí parece que sabe tocar el bajo.

En el aspecto musical vemos como por primera vez se esfuerzan en abrirse al resto de miembros del grupo a la hora de la composición dejando sus egos un poco a un lado, todo lo contrario de lo que al parecer sucedía hasta el momento, que ninguno podía influir en el trabajo de los otros. Vemos cómo componen la música en largas sesiones de improvisación -jams- y cómo hacen las letras en conjunto a base de tormentas de ideas; lo que a mi entender da la impresión de que es lo menos importante, priman las frases resultonas antes que el sentido o la coherencia de las letras -casi da penita ver a James Hetfield defender una de las más personales para él, Temptation, y cómo el resto del grupo la rechaza por no ir en la línea del disco-.

Es por este tipo de cosas por lo que me parece fundamental este documental. Las luchas de egos y la parte de la composición a lo "pico y pala", nada glamurosa y totalmente opuesta a la imagen que se suele tener idealizada del proceso creativo de los grandes artistas, son típicas en todos los grupos. Y es que, niños y niñas, el mundo del rock es así. En su mayor parte, salvo honrosas excepciones, los grupos están formados por catetos con mayor o menor técnica musical, con poco o nada que decir pero con algún gusto para las frases resultonas y, sobre todo -cuanto más grande el grupo peor-, inmersos en un gran negocio que mueve mucho dinero y que está por encima de todo lo demás. Este documental es ideal para dar el paso de niño que aún piensa que su papá es Dios y que lo hace todo bien, a adolescente que descubre que sus padres son tontos del culo. ¿Qué vamos a hacer ahora con las sudaderas y los posters que tenemos en la pared? Yo personalmente estoy en la fase de pensar de que mis padres no son perfectos pero también tienen su mérito y sus cosas buenas.

Por eso, por muy gilipollas que sean los miembros de Metallica, me sigue gustando su música -a excepción de los infumables Load y Reload-. Porque Metallica ha sabido evolucionar y adaptarse a los tiempos, han sabido sobrevivir y seguir siendo grandes. No como la mayoría de los grupos heavys de su época que ahora a lo más que pueden aspirar es a participar en el Lorca Rock. Arriesgaron, y acertaron de pleno, con el Álbum Negro, con Kirk incorporando el uso del pedal de wah-wah en la guitarra, algo que sin duda chirría en el mundo del metal. Evolucionaron hacia un sonido más comercial con los anteriormente mencionados Load y Reload y la cagaron totalmente, pero por lo menos no se estancaron.

El documental Some Kind Of Monster nos enseña el proceso de creación de su último disco. Y St. Anger, en mi opinión, los redime totalmente en lo musical. Un disco cargado de energía, de metal y de rabia. Con una batería y unas guitarras de una contundencia inigualable y a la vez novedosa. Una de las cosas que me llamaron la atención las primeras veces que lo escuché -y que es una de las razones por las que lo valoro- es el hecho de que el grupo más importante del metal, con uno de los guitarristas más influyentes por su técnica, no incluya en su último disco ni un solo de guitarra, ni uno. ¡Bravo! Bien por ellos. Y encima he tenido la oportunidad, gracias a este documental, de asistir al debate de cómo llegan a tomar esa decisión. Sólo por eso eso para mí merece la pena.

lunes, marzo 17, 2008

¿Es Trent Reznor un fantasma?

Nine Inch Nails ha editado este mes por sorpresa lo que sería su séptimo larga duración, y tan larga..., Ghosts I-IV. Un disco con 36 temas instrumentales repartidos en cuatro partes de 9. Que NIN saque un disco siempre es buena noticia, y eso que a principios de este siglo casi lo dábamos por acabado y ahora saca un trabajo por año como quien dice. Además, muestra de su buena salud creativa es el hecho de que, como siempre, Reznor no se estanca y sigue arriesgando con algo que nada tiene que ver con lo inmediatamente anterior.

Pero también tengo que decir que aunque me gusta, cómo no podría gustarme, echo en falta algo más de calidad -partiendo de el hecho de que todo lo que hace NIN tiene una calidad mínima que ya la quisieran muchos-. Me refiero a que tanto tema acaba, para mí, dispersando el conjunto, y que ni mucho menos tienen la elaboración que tenían, por ejemplo, aquellas canciones instrumentales que salpicaban The Fragile.

Dejando a un lado la impresión que me da -y que ya he comentado aquí antes- de que, aunque está muy bien que Nine Inch Nails publique discos y que sus fans se lo agradecemos, el ser tan prolífico últimamente va en detrimento de la calidad de sus trabajos; y ninguno de los últimos, por muy buenos que sean -y lo son-, resiste la comparación con los de los años noventa en riqueza de arreglos, de texturas, de sensaciones y de profundidad en general. Como digo, dejando a un lado eso, la publicación de Ghosts I-IV me da pie para hablar de otra cosa. De hacia dónde se encamina el mundo de la industria discográfica.

Y es que Reznor ha publicado este disco directamente en su página WEB, como antes hicieran Radiohead o él mismo con su colaboración con Saul Williams. La primera parte se puede descargar de forma directa y gratuita, y el disco completo en distintos formatos a precios irrisorios -sobre todo para los europeos teniendo en cuenta cómo está el cambio del dólar últimamente-. Pero el detalle que a mí me parece más importante en este caso es que Ghosts I-IV ha sido publicado bajo licencia Creative Commons. Según ésta, el disco se puede copiar, distribuir e interpretar libremente, siempre y cuando se respete quién es el autor, no se haga para uso comercial y si se hacen obras derivadas -que se puede- que se respete la licencia original en ellas.

Esto supone un paso más en el cambio general que está sufriendo el mundo de la industria musical. Un paso en el buen camino. ¿Qué discográfica, por muy grande que sea el artista del que se trate, hubiera permitido a un grupo sacar un disco de 36 temas instrumentales? Las razones son muchas, e incluso lógicas: el coste de producción frente a las pocas expectativas de que algo tan "raro" dé muchos beneficios, la teoría de que el mercado y el público no puede asimilar tanta información de golpe -recordemos que NIN en menos de tres años ha publicado tres discos, uno de ellos doble e instrumental-, etc.

Sin embargo las discográficas ya no son necesarias, se pueden obviar. Los grupos pueden editar todo aquello que se les antoje y publicarlo y distribuirlo ellos mismos a través de Internet. Todo ese material inédito que se queda en el tintero y por el que nunca apostaría una discográfica, todas esas obras que podrían sacar los artistas cuando están en su mejor momento creativo y que no salen porque la productora piensa que se saturaría el mercado, toda esa creatividad que se echa a perder porque a los grupos no se les permite experimentar y se les presiona para que den más de lo mismo que les hizo triunfar en un primer momento...

Pero esta cara también tiene su cruz. ¿Quién pone ahora filtros o límites? Antes era la discográfica, eso sí, con una intención claramente comercial. Ahora son los propios artistas, que no son nada objetivos y que además se suelen rodear de pelotas que están constantemente diciéndoles que todo lo que hacen está bien, los que decidirán qué editan y qué no. Es decir, a partir de ahora nos vamos a encontrar rondando por ahí cada vez más pajas mentales del flipado de turno. A mí me parece genial que esto esté cambiando en esta dirección, pero poco a poco nos va a ser más difícil diferenciar el grano de la paja. Eso sí, dependerá de nuestro propio criterio, como debe ser.

Ghosts I-IV me gusta, pero es sin duda una obra menor. Trent, tómate un descanso, el tiempo que necesites, y vuelve a deleitarnos con una obra maestra indiscutible de las tuyas, de esas que después de mil escuchas aún les encuentras algo nuevo.

miércoles, febrero 13, 2008

Once

Entrañable Once, película musical que más parece un videoclip de 80 minutos, y que a mí me recuerda precisamente a lo que se hacía para promocionar la música cuando no existía la MTV, aquellas películas de los años 50 y 60 -pienso ahora en Elvis o en los Beatles- en las que se escribía un guión a la medida para encajar las canciones de la última obra del artista de turno y que hacían las delicias de los fans. En ese sentido nada nuevo bajo el Sol, aunque quizá sí que se reinventa el género de alguna manera, ya que hoy por hoy no se necesita de este tipo de promoción y, por tanto, la película adquiere sentido por sí misma.

Aunque no cabe duda de que la promoción le va a venir muy bien a Glen Hansard, protagonista y principal compositor e intérprete de las canciones, el cual, por lo que he podido leer, es un músico Irlandés de cierta relevancia, miembro del grupo The Frames -del que salen algunas canciones de la película- y que también ha editados discos en solitario, el último con Markéta Irglová, coprotagonista de Once, que es la base musical de toda la película. Como anécdota decir que Hansard tuvo un papel en aquella mítica película que fue The Commitments -tiro de Wikipedia, condenadme-.

Once relata la historia de un músico callejero que conoce a una inmigrante checa, la cual también hace sus pinitos en música tocando el piano cuando puede. Juntos entablan una amistad en torno a la música que les llevará a componer y grabar juntos. En contra de lo que en principio podría parecer, la película no trata de una relación o una historia de amor sino, a mi entender, del proceso de creación musical. De forma muy superficial, por supuesto, pero quizá sea la aproximación más cercana que yo recuerde que se haya hecho en celuloide -olvidemos la horrible Tú la Letra y Yo la Música-. No puedo dejar de identificarme con la imagen del protagonista en un rincón de su habitación, solo con su guitarra, intentando componer algo con sentido.

Eso sí, también pecan de ciertos estereotipos que me tocan un poco las narices, como el del músico que va a todas partes con su guitarra y todo lo dice cantando; o el hecho de que prácticamente sin ensayar sean capaces de grabar un tema a la primera en un estudio. Parece mentira que Hansard, siendo él músico profesional, se preste a algo que tiene que saber que sencillamente es imposible, pero bueno, supongo que son cosas de la dramatización, si podemos aceptar una película con un tío con calzones azules y capa roja que vuela podremos aceptar esto.

En cuanto a las interpretaciones están bastante bien teniendo en cuenta que no son actores profesionales. Markéta está correcta, pero Glen Hansard destaca claramente, tanto por la interpretación de sus canciones -ahí lo tiene fácil, es lo suyo- como en la expresividad que transmite en su interacción con el personaje de Danuse. Y la dirección, cámara en mano, le da un toque realista que te hace sentirte muy cercano a los protagonistas.

Por último -quizás debería ser lo primero- está la banda sonora. Todo el castillo se desmoronaría si la calidad de las canciones no aguantara el tirón. A quién le guste el estilo -y a mí me gusta el pop singer-songwriter, lo confieso- le gustarán sin duda estas canciones que, aunque al principio se hacen un poco cargantes, tienen un nivel bastante alto y son las que sostiene la película y a sus protagonistas y sus sentimientos. Aunque esto también tiene truco, porque es más bien un grandes éxitos de la trayectoria reciente de Glen Hansard, en solitario y con The Frames.

Resumiendo: bienintencionada, autocomplaciente y en general muy entrañable. Yo la recomiendo a quien le guste la música y las historias sencilas y sin pretensiones.

lunes, febrero 11, 2008

Esas cosas no las ves venir

Vi No Country For Old Men sabiendo que me iba a gustar. Las críticas generalizadas afirmando que era lo mejor que habían hecho últimamente -lo cual tampoco es decir mucho, luego hablaré de eso-, unidas a mi querencia por el cine de Ethan y Joen Coen me predisponían a verla con buenos ojos. Aunque esto no significa que la haya visto de forma acrítica, puesto que también es cierto -y lo digo sin jugarme la vida- que toda cara también tiene su cruz: cuantas más expectativas pones en algo más fácil es que te decepcione.

No es el caso. No Es País Para Viejos te atrapa desde el principio en su espiral de violencia tan gratuita como imparable. Posiblemente sea una de las más violentas de toda su filmografía, si no la que más. Pero eso no es algo malo, precisamente el sinsentido de la crueldad y la muerte es lo que da sentido a esta obra, y los Coen así nos lo muestran a lo largo de las dos horas que dura.

Con un ritmo lento pero perfecto y constante, y casi sin música, lo que hace más crudo aún el relato; la película va evolucionando de una, para mí, típica persecución por dinero -salpicada de episodios de acción con muy pocos diálogos-, hacia otro tipo de película casi sin darte cuenta, donde los diálogos son la miga del asunto, lo que le da sentido a todo el conjunto, y la violencia prácticamente se ha desvanecido dejando tan sólo el poso de lo absurdo que tiene.

Técnicamente la dirección es impecable, como no podía ser de otra manera. En cuanto a los actores sólo se puede decir una cosa: Javier Bardem. No tengo claro si poner cara de póker la mayor parte del tiempo con alguna que otra escena un tanto histriónica de más es una buena interpretación o no, pero de lo que no me cabe duda es que la presencia de Bardem es el centro de todo el film, que impresiona, y que sin él se desmoronaría completamente. Fijo que se lleva el Oscar, porque el papel está hecho para eso, y será un mérito compartido, tanto de Bardem como de los Coen en la dirección de actores. Por lo demás Josh Brolin está más que correcto, Tommy Lee Jones en el papel de Tommy Lee Jones y un Woody Harrelson, para mí, desperdiciadísimo.

En general es sin duda una gran película, tiene toques de Gran Cine -así, con mayúsculas- de los que no voy a hablar para no desvelar cosas; lo mejor que han hecho desde aquella maravillosa El Hombre Que Nunca Estuvo Allí. Atrás quedan sus dos últimos trabajos, las correctas, con algún punto de genialidad pero decepcionantes si las comparamos con el nivel al que nos tenían acostumbrados, The Ladykillers y Crueldad Intolerable.

Aún así, y a pesar de que No Country For Old Men está repleta tanto en los diálogos como en algunas escena del humor tan negro marca de la casa, yo prefiero a los Coen del guión original y no de las adaptaciones por las que les ha dado últimamente -¿falta de ideas?-; como en El Hombre Que Nunca Estuvo Allí que acabo de mencionar, Fargo o la obra maestra -de la que ya hablé aquí- que es Barton Fink, por mencionar sólo algunas.

lunes, noviembre 26, 2007

Going to a Rufus concert

Tremendo el concierto de Rufus Wainwright en el Festival de Jazz de Cartagena el pasado 9 de noviembre. No tengo palabras. Pero que no cunda el pánico, intentaré encontrarlas. De hecho llevo días queriendo escribir sobre ello pero necesitaba tener un hueco lo suficientemente relajado como para concentrarme, porque de Rufus, claro, no se puede escribir de cualquier manera.

Llevo años escuchando su música, sobre todo los discos Want One y Want Two -que siempre me parecieron tan excesivos como maravillosos-, pero cuando realmente lo flipé fue con su último disco, Release The Stars -producido por Neil Tennant, de los Pet Shop Boys-, y su peloscomoescarpiador primer single Going To A Town. Así que en cuanto me enteré de que actuaba cerca corrí a comprar las entradas -30 euros y aún así acabé en última fila-.

El concierto lo comenzó precisamente con el tema que da título al disco que venía a presentarnos, y que fue toda una declaración de intenciones de por dónde iba a ir la cosa. Una vez colocada la banda Rufus apareció vestido con un traje chaqueta-pantalón rosa a rayas blancas verticales, y comenzó a cantar con esa voz incomparable que tiene acompañado de, además de los músicos, una bola de espejos que descendió sobre él para darle a la actuación más glamour si cabe. Tras este tema se sentó al piano y siguió directamente con el anteriormente mencionado Going To A Town, la que es una de mis favoritas y no pude evitar pensar que si se despachaba esa al principio el resto del concierto igual iba a ser más flojo. No pude estar más equivocado.

Una de las dudas que me rondaban por la cabeza mientras iba de camino era cómo iba a estar configurada la banda para interpretar en directo las barrocas orquestaciones de sus discos. Lo cierto es que, aún siendo amplia, vi una configuración más reducida de lo que esperaba. La verdad es que no me imaginaba cómo con un batería, un bajo y contrabajo, dos guitarristas y tres músicos a los vientos -además del piano de cola y la ocasional guitarra acústica y española de Rufus-, y sin ninguna cuerda, iban a poder tan siquiera acercarse al sonido del disco. Pero sí, lo cierto es que los vientos suplían perfectamente a las cuerdas y el sonido era tan genial y grandioso como era de esperar.

Además el nivel musical de la banda era tremendo. No sólo eran buenísimos cada uno en lo suyo, sino que algunos cambiaban según la canción de instrumentos de forma que uno de ellos lo mismo tocaba el saxofón, que la guitarra, que el piano de cola. Por no hablar del propio Rufus que, si bien chapurreaba más que correctamente la guitarra, me sorprendió como virtuoso del piano. No esperaba que fuera tan bueno.

La actuación estuvo centrada en los temas de Release The Stars, lo cual yo le agradecí mucho, presentándonos la marchosa Between My Legs, de estribillo impagable y para la cual subió una invitada del público a cantar con él la parte final; la preciosa Nobody's Off The Hook que interpretó al piano; o por último, por nombrar sólo algunas, la tremendísima Slideshow con la que a mí me daban ganas de saltar sobre las butacas, con ese estribillo tan infinito y grandilocuente que tiene.

Además también repasó otros temas emblemáticos de su carrera -aunque tengo que decir que eché de menos la estupenda versión que hace de Hallelujah de Leonard Cohen-, como I Don't Know What It Is, o The Art Teacher -preciosa, él solo al piano salvo cuando entra la trompa con su sonido tan evocador- o 14th Street con la que despidieron la segunda parte del concierto y en la cual los músicos se fueron retirando uno tras hacer un solo con su respectivo instrumento.

Porque una cosa que me llamó también mucho la atención fue la estructura del concierto. El espectáculo estaba dividido en tres partes. Entre la primera y la segunda hubo un descanso de unos quince o veinte minutos, y luego vinieron los bises, que más que bises, como digo, fueron una tercera parte más del concierto, que tuvo una duración total, incluido el descanso de, agarraos, tres horas.

En la segunda parte Rufus, para sorpresa de propios y extraños, abandonó el traje rosa para salir vestido de tirolés. Ahí es nada. Además de sus canciones aquí interpretó, junto a su madre que salió a acompañarlo al piano, algunas canciones de Judy Garland las cuales, según contó, estaban incluidas en un DVD homenaje a ella en el que Rufus las interpreta en directo.

Otro gran momento fue cuando nos dijo al público que iba a cantar un clásico irlandés y que, claro, eso había que cantarlo como se debía, es decir, sin micrófonos. Así que un grupo de músicos -vientos y contrabajo- se adelantó a primera línea del escenario, Rufus se apartó del micrófono y así, sin ningún tipo de amplificación, se cantó la canción cual tenor de ópera. Era increíble cómo su voz se oía perfectamente por todo el teatro, llenándolo y envolviéndonos sin ningún tipo de artificio de por medio.

Tras despedirse con 14th Street llegaron los bises. Rufus apareció envuelto en un albornoz blanco que lo cubría de la cabeza a los pies y se sentó al piano para interpretar de esa guisa las canciones. Más temas propios y de Judy Garland -incluido Somewhere Over The Rainbow, de El Mago de Oz, a piano y voz-.

En un momento dado le colocan una silla delante del escenario, él se sienta y comienza a ponerse anillos de brillantes, pendientes, zapatos de tacón y a pintarse los labios de rojo. Acto seguido apagan las luces y cuando las vuelven a encender están los músicos vestidos de traje y puestos en semicírculo alrededor de Rufus que, al fondo, está escondido tras otro de los músicos que lo tapa. Cuando empieza la música -en playback ya que todos están haciendo la coreografía- comienzan a interpretar Get Happy también de Judy Garland imitando tal cual la coreografía original.

Rufus se descubrió con un sombrero, una chaqueta negra larga cruzada que le hacía las veces de minifalda y unas eternas medias negras que le llegaban hasta los tacones. Era divertidísimo ver la torpeza bailando de unos músicos que estaba claro que no valían para eso, en algún momento llegué a temer que alguno se partiera la crisma allí mismo. Sencillamente genial, y en el público estábamos totalmente entregados, al final del número todos nos pusimos en pie a aplaudir a rabiar.

En resumen, casi tres horas de espectáculo, original, divertido, genial, con un nivel musical tanto en las composiciones como en la interpretación muy difícil de ver estos días...

Los 30 euros mejor gastados de mi vida.

martes, noviembre 06, 2007

Cassandra's Dream

No entiendo las críticas que se le han hecho a Cassandra's Dream, la última película de Woody Allen. Confieso que gracias a ellas fui a verla con mucho escepticismo, y quizá eso hizo que, al esperar tan poco, mi sensación final fuese quizá más positiva que en otras circunstancias. Eso y que la inmediatamente anterior, la floja Scoop, no era precisamente para tirar cohetes.

Pues bien, El Sueño de Casandra es una buena película que, en mi caso, me atrapó de principio a fin, arrastrándome a la bajada a los infiernos de los dos hermanos protagonistas.

Estamos, una vez más, ante la enésima revisión que hace el director neoyorquino de Crimen y Castigo de Dostoyevski. Y eso es lo único que se le puede criticar, como ya le critiqué a la magnífica Match Point: que se copia a sí mismo y que estas vueltas de tuerca pueden estar muy bien, pero que donde esté Delitos y Faltas que se quiten las demás.

A parte de eso Cassandra's Dream carece del glamour de Match Point, quizá porque lo nuevo de Allen no se ambienta en las clases más altas sino en un entorno de clase trabajadora, y eso, estéticamente, siempre viste menos. Si a esto le sumamos los toques de fino humor -del bueno- que salpican toda la película, y de los que Match Point carecía, puedo entender que dé la impresión de ser una obra menor. Pero es que sólo Woody Allen es capaz de contar un dramón de estas características y conseguir sacarte la sonrisa en lo que deberían ser los momentos más patéticos. Y creo que mucha gente no ha logrado entender lo que ha hecho el director: reírse con ironía de las bajezas del alma humana. Sin llegar a ser lo mejor de su carrera esta última obra es sin duda digna de mención y de tener en cuenta.

Aunque hay que reconocer también que no se sostendría del todo sin las excelentes interpretaciones de sus protagonistas. Ewan McGregor está realmente bien, como casi siempre, pero Colin Farrell está sencillamente genial, lo mejor de la película. Quizá algo sobreactuado, pero es que precisamente ahí está la gracia.

A todo esto hay que sumarle la preciosa banda sonora a cargo de Philip Glass que envuelve toda la película. Por fin Allen cambia el jazz por una partitura original que le da otro aire a su cine, y eso es de agradecer.

No siempre se puede rodar un Annie Hall, un Manhattan, un Hannah y sus Hermanas, un Desmontado a Harry o un Match Point -parece que va casi a peliculón por década-; pero si Cassandra's Dream es lo peor que sabe hacer Allen yo firmaba ya para veinte más como esta. He dicho.

viernes, noviembre 02, 2007

Después que canta el hombre

Por fin un concierto de Silvio Rodríguez del que salgo con muy, pero que muy, buen sabor de boca.

La primera vez que lo vi en directo fue en la gira que hizo junto a Luis Eduardo Aute hace casi diez años. El concierto al que yo asistí además fue el primero, y se notaba demasiado que no se lo habían preparado lo suficiente. Estaban completamente perdidos entre ellos, y Silvio estuvo serio y seco. Con decir que al final lo que más me gustó fue Aute lo digo todo. Además en aquella ocasión Silvio se acompañaba del excelente guitarrista Rey Guerra, lo que a priori debería ser positivo, pero un público ávido de que le den lo que quiere oír no recibió muy bien que se hicieran versiones tan alternativas como desconcertantes de temas como Ojalá. Bien por ver al trovador cubano por primera vez, pero en general fue decepcionante.

La siguiente vez que lo vi fue en la Fiesta del Partido Comunista de España en Madrid. Yo fui de los afortunados que estábamos relativamente cerca del escenario, y por lo tanto pudimos ver el concierto sin problemas. Pero no se puede decir lo mismo de los que se encontraban más atrás, porque Silvio obligó a la organización a no encender las pantallas para que no se pudiera grabar la actuación, o qué se yo. El cabreo de la gente fue mayúsculo. Si a eso le sumamos que al poco de empezar declaró que iba a tocar el último disco -Cita Con Ángeles, en mi opinión de los más flojos- del tirón, de la primera a la última canción, seguidas y en el mismo orden, podemos imaginar la estupefacción un público, que además de querer escuchar todos los clásicos, desconocía por completo en general el último trabajo. Otra pequeña decepción.

Pero afortunadamente esta vez el cantautor nos ha compensado con creces todas las experiencias anteriores. Rodeado por un excelente grupo de músicos -dos guitarras, un bajo acústico, un percusionista y una clarinetista- Silvio comenzó su concierto con El Necio, siguió con Quién Fuera y no paro de repasar los temas más emblemáticos de su larga carrera.

Especialmente emocionante para mí fue escuchar Canción Del Elegido, la primera vez que yo lo veía interpretarla en directo, con esos versos tan incendiarios:

Y comprendió que la guerra era la paz del futuro
lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida
la última vez lo vi irse entre humo y metralla
contento y desnudo
iba matando canallas
con su cañón de futuro

O cuando con motivo del 40 aniversario del asesinato del Che Guevara rescató América, Te Hablo de Ernesto, tema que sólo habíamos oído en versiones inéditas, y que contiene también unos versos para la historia:

Aunque lo entierren hondo,
aunque le cambien la cara,
aunque hablen de esperanza
y brille la mascarada,
llegará su fantasma
bien retratado en las balas.

Como excepción, y con motivo del reciente lanzamiento de un disco homenaje al también fundador de la nueva trova cubana Noel Nicolá -tristemente fallecido-. Silvio interpretó una pieza de éste que yo desconocía, y que por ser tan breve como hermosa voy a transcribir aquí:

Te perdono el montón de palabras
que has soplado en mi oído desde que te conozco.
Te perdono tus fotos y tus gatos,
tus comidas afuera, cervezas y cigarros, es más,
te perdono andar como tú andas,
tus zapatos de nube, tus dientes y tu pelo.
Te perdono los cientos de razones,
los miles de problemas, en fin, te perdono no amarme.
Lo que no te perdono es haberme besado con tanta alevosía.
Tengo testigos: un perro, la madrugada, el frío,
y eso sí que no te lo perdono,
pues si te lo perdono seguro que lo olvido.

También hubo tiempo para reivindicaciones políticas, como cuando leyó parte de un discurso de Danny Glover -que al parecer, además de participar en las fachosas Lethal Weapon y en engendros como Saw, es sorprendentemente un tío bastante comprometido en política- sobre los 5 cubanos detenidos injustamente en EEUU por defender legítimamente a Cuba. Un discurso que chapeau.

Por lo demás un clásico detrás de otro hasta el punto de que se me saltaban las lágrimas. Lo hicimos salir hasta cinco veces en los bises. El lema del público era "hasta que no toque el Ojalá no nos vamos", y aún después de eso lo hicimos salir otras dos veces hasta que prácticamente nos mandó a la cama cantándonos una nana.

Yo vi a un Silvio contento y en plena forma. Y si a eso le sumamos el hecho de que su último disco, Érase Que Se Era, es, además de doble, de lo mejor que ha editado últimamente, el resultado de la ecuación nos da que tenemos Silvio para rato.

Y yo que me alegro.

martes, octubre 16, 2007

Save the cheerleader, save the world

Conocí de la existencia de la serie de televisión Héroes a través de las múltiples vallas publicitarias que poblaron la ciudad durante una temporada, anunciando a bombo y platillo el estreno en, irónicamente, no sé qué canal -de verdad, no me acuerdo-. A parte de eso no le presté mucha atención. No me apetece nada ver una serie sobre bomberos -porque en el mundo pos-11S las palabras 'bombero' y 'héroe' vienen a ser sinónimos, sobre todo si vienen de los EEUU-.

Sin embargo una reseña en vete a saber dónde -en serio, debería hacer algo con mi memoria- me hizo cambiar de opinión. Al parecer la serie trataba de superhéroes y el friki que hay en mí no se pudo resistir. Le dí una oportunidad aún pensando que sería un peñazo y... me vi los 23 capítulos de la primera temporada del tirón.

Claramente inspirada en los X-Men -Stan Lee hace un cameo en uno de los episodios, lo que lo dice todo-, Héroes cuenta la historia de una serie de personas tan normales como diferentes entre sí que, de repente, comienzan a darse cuenta de que tienen habilidades especiales; y de cómo cada uno va afrontando su nueva situación a su manera, con reacciones que van desde la negación hasta la creencia de ser héroes cuya misión es salvar al mundo.

Lejos de las batallas apocalípticas y exageradas que caracterizan a, por ejemplo, los X-Men, esta serie se centra más en el desarrollo de los personajes y su camino hacia un destino que nadie sabe bien cuál es, pero que de alguna manera los llama a todos.

Héroes es una serie coral -puedo contar tranquilamente más de quince personajes principales- que va tejiendo capítulo a capítulo una maraña que a la vez se va desenredando poco a poco y cobrando sentido. Con un guión tan coherente como hecho con pulso y ritmo, más que una serie es una historia completa en 23 partes que se nota no está improvisada en ningún momento, de principio a fin. Por supuesto hay que perdonarle ciertas incongruencias en algunos detalles -sobre todo en lo que se refiere al espacio-tiempo-, pero bueno, si uno acepta desde el principio la premisa de que un hombre pueda volar el resto qué más da. ¿O no?

Espero que la segunda temporada mantenga el nivel y no se desplome el interés, como ha ocurrido con Perdidos, que de ser una serie intrigante e interesante pasó a ser un plomo del que si te pierdes la mitad de capítulos no pasa nada y no pierdes el hilo de la trama. Se notaba que habían escrito el guión sobre pobres cimientos y que el éxito de la serie les vino grande.

No es el caso de Héroes, que aunque pinchase en la segunda temporada -que están comenzado a emitir ahora en los EEUU-, siempre tendrá esta primera que de por sí es una historia completa que en gancha y entretiene e, incluso, puede fascinar a más de uno.

Ideal para frikis de todas las edades.

miércoles, octubre 10, 2007

In Rainbows

Por mucho que una vocecilla me diga que me estoy precipitando, que es demasiado pronto para opinar, no puedo resistirme a escribir sobre lo que es el fenómeno del día de hoy -para muchos el acontecimiento musical del año-. Me refiero, como no puede ser de otra manera, al lanzamiento del nuevo disco de Radiohead, titulado In Rainbows.

En primer lugar es obligado hablar de la forma en la que ha sido lanzado el disco, lo que lleva siendo la comidilla del mundo de la música las últimas semanas, y hasta de los medios de comunicación, tanto especializados como generalistas. Los chicos de Radiohead, ni cortos ni perezosos, anunciaron que colgarían su nuevo disco en su web mucho antes incluso de que saliera al mercado en formato CD; y que quien quisiera podía hacer la reserva en Internet y descargárselo a partir de hoy 10 de octubre... ¡al precio que cada uno le pusiera! Sí, sí. Podrías tenerlo por 40 libras, por 20, 10 ó por nada.

Yo reconozco que desconfiaba. "Ya veremos qué pasa el día 10" es lo que pensé. Y hoy, llegado el momento, he entrado en la página www.inrainbows.com, he rellenado un sencillo formulario y en tres minutos estaba escuchando lo nuevo de Radiohead. Ha sido tan rápido y fácil que he tardado en asimilar lo que estaba pasando. Sinceramente, creo que el mundo de la música y la industria discográfica ha cambiado para siempre hoy. Menuda bofetada que le han dado a las discográficas. Esto tiene que haber dolido. Porque no estamos hablando de un grupo cualquiera, sino de unos artistas de primera línea, de los que venden discos a cascoporro (como diría aquel, -a ver, por cierto, cuándo vemos a los solidarios y comprometidos de U2 haciendo algo así, jeje-).

Olé por Radiohead, por su coherencia y valentía. Y por inteligentes también, porque de todas formas su disco habría circulado por la red, pero gracias a esto no sólo han quedado de puta madre -si se me permite la expresión-, sino que además se han sacado de la manga una campaña publicitaria mundial de gratis.

La calidad y el nivel del disco en sí ya es otro cantar. ¡Y qué cantar! Aquí puede ser donde me precipite, pero llevo todo el día escuchándolo y cuanto más lo oigo más me gusta. Desde luego nunca decepcionan. Menos arriesgado -o menos rompedor con lo anterior, si se prefiere-, In Rainbows es un disco que, aún en la línea de Radiohead, a mí me resulta mucho más fácil de escuchar que algunos de los anteriores. Lo veo, por ejemplo, menos agobiante que Hail To The Thief.

Echo de menos, por criticarlo aunque sea un poco, algún hit al que agarrarme en las primeras escuchas. Alguno como Knives Out o A Wolf At The Door en los anteriores. Sin embargo la impresión de calidad global que te atrapa desde el primer momento y que, por ahora, a mí no me ha abandonado en las subsiguientes escuchas, compensa de sobra la falta de guiños a la comercialidad que nos hagan el camino más fácil.

En cuanto a temas en concreto el primero yo destacaría es Nude. Un tema que al parecer ya lleva tiempo circulando en versiones en directo -con el nombre de Big Ideas (Don't Get Any)-. Es un poco la típica balada marca de la casa del grupo, pero en el momento en que la he oído por primera vez me he parado a tomar nota: "uy, ésta". Otros temas a destacar son por ejemplo 15 Step, con el que abren el disco de forma incuestionable; Faust Arp, que me llama también mucho la atención; o, la que es también una de mis favoritas hasta ahora, House Of Cards.

Por supuesto recomiendo todo el disco. Estoy seguro que podría decir muchas cosas más que ahora con más tiempo y más escuchas -y quizá lo haga-, pero es que no me he podido resistir. Para mí Radiohead es una pasión. La capacidad que tiene Tom Yorke con su voz y todo el grupo con su música de transmitir sentimiento y dramatismo; de envolverte con sus melodías y arreglos haciendo que te eleves del suelo; de encenderte con sus letras, tan tristes como en ocasiones violentas, mordaces y críticas con el sistema establecido -de palabra y ahora se ve que también algo de obra-; y de sorprenderte con sus arriesgadas propuestas musicales, sus saltos al vacío sin red, sin acomodarse en la fórmula de éxito fácil... Todo eso lo tienen pocos grupos. Por no decir ninguno.

Cosas como estas son las que hacen que uno recuerde por qué le apasiona la música.

jueves, septiembre 06, 2007

Me declaro fan absoluto de Spinal Tap

El otro día pillé por casualidad en el canal Cinematk un documental sobre un grupo heavy de los 80s, o quizá de finales de los 70s, y me quedé un rato a verlo a ver quiénes eran, puesto que no me sonaban sus caras para nada -raro, raro, que yo tuve mi buena etapa heavy en mi mocedad...-. Conforme avanzaba vi que retrataba una gira del grupo Spinal Tap, con entrevistas a sus miembros, tomas de los conciertos e incluso intimidades en el backstage.

Al poco de verla, cuando el guitarrista solista enseña su colección de guitarras y sus amplificadores -cuyos potencímetros llegan hasta el 11, porque "los normales sólo llegan hasta 10 y con estos puedes subir el volumen más allá, hasta el 11"-, empecé a sospechar... Efectivamente, aunque me despistó al principio porque no sabía lo que estaba viendo, se trata de un falso documental, una película dirigida por Rob Reiner, titulada "This is Spinal Tap"(1984), sobre el mundo del rock, que parodia sin piedad todas las chorradas que envuelven a los grupos de cierto éxito.

Uno por uno machaca todos los tópicos de las bandas de rock a través de una interminable serie de gags desternillantes -sobre todo para quien esté familiarizado con este mundo del rock-. Desde los líderes de personalidades carismáticas que en realidad no hacen más que decir una tontería tras otra, hasta la novia de uno de ellos que desestabiliza al grupo -a la pobre de Yoko Ono le tienen que estar pitando los oídos cosa mala-; pasando por las puestas en escena absurdas en la gira o las declaraciones ridículas sobre sus propios temas -"nuestras letras antes eran muy tontas, pero ahora con "Granja de Sexo" hemos madurado mucho"-. Demoledor.

A mí, así de primeras, me recordaron a los Beatles, Iron Maiden, Led Zeppelin... como poco. Pero creo que la crítica despiadada de esta película es aplicable a todo grupo habido y por haber que se haya creído alguna vez algo en el mundo de la música.

Como curiosidad decir que los protagonistas dieron una gira después de la película como Spinal Tap con los temas de la banda sonora. Y es que bien pensado los temas, aunque paródicos, no están tan mal. Cosas peores nos tragamos en los 80s. ¿O no?

Muy recomendable en general, pero sobre todo para frikis del rock con sentido del humor y ganas de echarse unas buenas risas. Y ganas también de hacerse una autocrítica, porque ¿quién está libre del pecado de haber sido fan -o serlo aún- de alguna panda de fantoches como los que retrata la película?

lunes, agosto 06, 2007

Zeitgeist

¿Cuán bajo puede caer la dignidad de un artista? ¿Todo por la pasta? El regreso de los Smashing Pumpkins con su nuevo disco Zeitgeist es lamentable de lo vulgar.

Cuando oí la noticia de que volvían a reunirse la recibí con escepticismo, pero también con cierta ilusión. Grandes como pocos en los 90's el grupo de Billy Corgan ha sido desde siempre uno de mis favoritos. Todo lo que hacían era tan bueno que hasta se hacía soportable la irritante voz de su líder, e incluso uno acababa reconociendo que le daba una personalidad al grupo inigualable.

Sólo por temas como Disarm o Adore es ya para levantarles un monumento, pero sin duda su obra maestra fue el disco Mellon Collie and the Infinite Sadness, el cual contiene un temazo tras otro (aún así insisto en mi teoría sobre los discos dobles: si hubieran condensado lo mejor en uno solo -dejando el resto para un disco de caras b- habría sido uno de los mejores álbumes de la historia, claro que de todas formas puede que aún así ya lo sea).

Tras el disco Ava Adore y su poco afortunada incursión en el mundo de la música electrónica (pecadillo que quien más quien menos cometió en los 90's -véase el caso de U2-), que a parte de algún tema indiscutible tiene poco más destacable; los Smashing se despidieron a principio del nuevo siglo con Machina, un disco que, para mí, es redondo -si se me permite el chiste-. Grandes temas y una coherencia sonora que quizá no haya habido en ninguno de sus discos anteriores.

Tras la separación de los Smashing Pumpkins, Billy Corgan emprendió un camino errático y claramente decadente. Su megalomaniaca personalidad le impedía retirarse con dignidad y se empeñó en ese "quiero y no puedo" que era volver a subir a las cumbres a las que llegaron los Smashing. Primero con su fracasado proyecto de grupo Zwan, y posteriormente con un anodino y olvidable disco en solitario TheFutureEmbrace.

Visto lo visto, qué mejor que resucitar el grupo que lo hizo famoso para volver a ser algo en el mundillo. Y la verdad es que me alegré de ello cuando tuve las primeras noticias -yo para estas cosas me ilusiono muy fácilmente-, al fin y al cabo son uno de mis grupos favoritos de siempre. Pero en cuanto vi que ni James Iha ni D'arcy Wretzky iban a formar parte del proyecto supe de qué iba a ir la cosa: otro patético intento de Billy Corgan de volver a ser lo que fue.

Pues bien, Zeitgeist es plano, soso, carente de fuerza y originalidad y, salvo algún destello suelto que recuerda a los viejos Smashing que ni merece la pena ser mencionado, totalmente decepcionante. Y no tengo nada más que decir sobre el nuevo disco en sí.

Qué lástima que se emborrone el nombre de los Smashing Pumpkins así, sólo por la pasta y el patético empeño de Billy Corgan de no reconocer que hace mucho que está acabado. Sobre todo cuando su anterior despedida como grupo con el disco Machina fue un broche de oro a una carrera excepcional.

martes, mayo 22, 2007

Zodiac

Que David Fincher es un director que me gusta no es ningún secreto. Seven y El Club de la Lucha son peliculones -sobre todo esta última-. Comenzó haciendo videoclips y dio el paso al cine debutando con Alien3, una secuela regularcilla, pero que ya apuntaba maneras técnicamente hablando. Tras eso la carrera ha sido meteórica. Con la excepción de La Habitación del Pánico, un thriller muy correcto y que a mí me gusta mucho, pero muy lejos de sus grandes obras anteriores.

Eso, y el hecho de que haya tardado cinco años en filmar su nueva película, me hacían no tener muchas esperanzas en Zodiac. Y para más inri trata sobre un asesino en serie. ¿Una vuelta de un director de capa caída a la fórmula de Seven que tan buenos resultados le había dado? Tiene toda la pinta.

Pero no. Zodiac es un film sorprendente. Para empezar no tiene nada que ver con un thriller, o por lo menos no con lo típico del género. Fincher toma el camino difícil para hacer un peliculón que se centra en las obsesiones de aquellos que siguieron el caso. Y a través de sus idas y venidas, de sus vueltas en círculo, de sus caminos a ninguna parte nos arrastra a sentir la misma frustración y desesperación que los protagonistas.

Con una narrativa casi documental, Zodiac nos cuenta los detalles de una investigación que se extiende durante años, y del papel que jugaron en ella los medios de comunicación plegándose a los deseos del asesino y convirtiéndolo en una estrella mediática -recordemos que está basada en hechos reales-. No hay lugar en la película para resoluciones facilonas y complacientes. Los espectadores seguimos las pistas de la mano de los que las investigan en pantalla, nos ilusionamos con ellos cuando parece que apuntan bien, y nos decepcionamos igualmente cuando no llevan a ninguna parte. Una película sobre un asesino en serie como ninguna otra que se haya hecho y que yo conozca.

También he de mencionar el gran trabajo que hacen los actores. Jake Gyllenhaal y Robert Downey Jr. están realmente bien. Incluso Mark Ruffalo hace un gran papel, aunque a mí este actor en concreto nunca ha acabado de convencerme, quizá me gustó en ¡Olvídate de Mí!, pero porque era un rol de excéntrico que se sale de su registro habitual.

Pegas: la excesiva duración. No cabe duda de que dos horas y cuarenta minutos es demasiado para lo que quiere contar, y que se podría haber reducido el metraje a poco más de 120 minutos sin que repercutiera demasiado en la historia; y a cambio dotaría a la película de algo más de ritmo, haciéndola más densa y evitando los momentos en que queda un tanto dispersa. Puedo entenderlo en el sentido de no solo ser fiel a libro en que se basa, sino de además intentar transmitir las dimensiones de la investigación y su dilatación en el tiempo, y de esa forma sumergir al espectador completamente en la historia. Pero aún así sigo pensando que es demasiado larga, y que con una duración menor habría sido simplemente perfecta. Y si quería meterlo todo pues que lo hubiera dejado para la versión extendida en DVD, que para eso están, digo yo.

En cualquier caso Fincher hace un trabajo de dirección excepcional que seguro que lo va a encumbrar como uno de los mejores directores del momento. Una película original, valiente y arriesgada donde las haya. No sé si decir obra maestra, pero por lo menos imprescindible para los amantes del buen cine. El resto a ver Spiderman 3.

jueves, mayo 10, 2007

May God have mercy on our dirty little hearts

Mr. Reznor, cumpliendo con su promesa de no dejar pasar tantos años entre disco y disco -ahora que se ha quitado de los vicios de las drogas, el alcohol y el Doom-, ha editado este mes de abril el último trabajo de Nine Inch Nails: Year Zero. Menos de dos años después de With Teeth, el cual representó su vuelta a lo más alto del panorama musical.

Por un lado se agradece que El Maestro -para mí- nos obsequie más a menudo con sus obras maestras, pero por otro no puedo evitar pensar que la cantidad acabará mermando la calidad, ya que puede que no le dedique el tiempo suficiente a los temas para alcanzar las alturas técnicas y creativas a las que Nine Inch Nails nos tiene acostumbrados.

En ese sentido lo primero que me viene a la cabeza cuando escucho Year Zero es que los tiempos de las obras épicas y progresivas que fueron The Downward Spiral y The Fragile pasaron a la historia. Así como los temazos realmente indiscutibles como lo fueran Wish, Closer, Hurt, The Perfect Drug, etc.

Comparado con With Teeth el nuevo trabajo da un giro práticamente de 180º. Si el anterior álbum era más orientado al rock -representado por la omnipresente, y a veces algo cargante, batería de Dave Grohl-, y la electrónica era dejada un poco de lado; éste es mucho más industrial, donde los instrumentos análogos casi brillan por su ausencia o simplemente se limitan a adornar unas canciones basadas en la programación y los sintetizadores.

Sé que hay quien criticó With Teeth por ser demasiado básico o rockero. Yo no estoy de acuerdo. Temas como The Hand That Feed, Sunspots o Getting Smaller -por poner sólo algunos- me parecen temazos, aunque estén basados en la estructura bajo-guitarra-batería, o quizá precisamente por eso. Sin embargo he de reconocer que el sonido tan electrónico de Year Zero es mucho más de mi gusto.

En cuanto a los temas que componen el álbum hay algunos verdaderamente destacables. Por poner sólo algunos ejemplos podríamos hablar de Survivalism, el que hasta la fecha es el primer single, que si bien no me convenció mucho al principio reconozco que últimamente no dejo de escucharlo -el vídeo está muy bien-. Aunque mis favoritas del disco son otras, como Me, I'm not -que me encanta-, o Vessel, que para mí tiene todo lo que tiene que tener una canción de este tipo; o como las dos canciones que cierran Year Zero: la balada In This Twilight y Zero Sum -cuyo estribillo es posiblemente el mejor del disco-.

No es mi intención hacer un repaso de todas las pistas una por una, decir simplemente que el conjunto está muy conseguido, y que tras varias escuchas te queda claro que ningún tema tiene desperdicio: desde algunos casi pop como The Good Soldier, hasta The Great Destroyer, que finaliza con una increíble orgía de sonidos electrónicos como para dejar a cuadros a más de uno. Pasando también por los temas instrumentales, o casi, que hay varios. Mi favorito es The Greater Good, aunque he de decir que tiene una deuda muy grande con Depeche Mode -si habéis oído Christmas Island sabéis a lo que me refiero-.

En cuanto a la temática de Year Zero resulta que es un álbum conceptual. Algo que se estila muy poco en estos tiempos. Al parecer trata de un futuro no muy lejano y de qué ocurriría de seguir las cosas como están. Son de agradecer este tipo de reflexiones políticas, sobre todo dentro de un ámbito de la música no muy dado a hacerlas. Ya está bien de que todas las distopías se basen en los sistemas socialistas, ya era hora de que alguien plantee que, de seguir el mundo así, vamos camino de la barbarie más absoluta. Bien por Trent, que no defrauda ni en eso.

Ahora bien, he de reconocer que a mí lo que me gusta de NIN son esas canciones tan personales y desgarradas, esa rabia y ese abrirse las entrañas para sacarlo todo fuera sin miramientos. Y eso lo echo en falta en este disco. Quizá porque cuentan una historia global, o por políticas, pero las canciones son más frías. Aunque me encanta el disco, yo sigo prefiriendo al Trent Reznor de Hurt.

Por último no puedo dejar de hablar de la promoción de Year Zero. Como pocas. Primero dejando temas "olvidados" en pendrives por distintas partes del mundo, a modo de adelanto, que volaron enseguida por Internet. Luego abriendo decenas de páginas web relacionadas con el álbum -aquí dejo una a modo de ejemplo-. También hay un vídeo promocional del conjunto e incluso se habla de que rodarán una película (wtf?!).

En fin, yo hubiera flipado con estas cosas si me pilla hace unos años, ahora me deja sensaciones contrapuestas. Por un lado me encanta que se lo curren tanto frente a la vulgaridad general que nos invade, desde luego lo hace mucho más interesante. Pero por otro lo veo un poco pretencioso, como querer dotarlo, a base de -buena- publicidad, de una profundidad que desde luego no tiene. Algo que puede enganchar fácilmente a un adolescente pero que a mí, sinceramente, me pilla ya un poco mayor.

En cualquier caso, y volviendo a la música que es lo que importa, Year Zero se sale. No tan original ni tan pasional como discos anteriores pero toca el cielo en más de un momento. Un disco más que digno al nivel que Nine Inch Nails nos tiene acostumbrados. Por mí que siga así por muchos años.

lunes, mayo 07, 2007

I’ve got time to waste on you

Me recomendaron hace poco la canción Fuck U del grupo inglés Archive por chunga de necesidad, y yo que no me resisto a un título como ese corrí a escucharla con avidez. Lo que me encontré fue un medio tiempo con bastante buen gusto, en un estilo alternativo con base electrónica. Pero lo que más me llamó la atención, desde luego, fue la letra. Según la oía no daba crédito a tanta mala leche cantada, irónicamente, de forma tan sobria. Con versos como "All I want is to see you in terrible pain" o "Pray to God I can think of a nice thing to say but I don’t think I can so fuck you anyway" -y esto es solo una muestra, porque toda la canción sigue en esa línea y a más-, este tema se ha convertido para mí directamente en un clásico, a la altura de las canciones más resentidas de Nine Inch Nails -eso sí, sin su fuerza, que todo hay que decirlo-.

Bien, si la cosa hubiera quedado en eso quizá ni me hubiera tomado la molestia de escribir un post. Pero lo que sí me impresionó fue escuchar Noise (2004), el disco al que pertenece Fuck U. Calidad, variedad y buen gusto, todo en uno. Una colección de temas entre electrónicos y rock alternativo-progresivo con sorprendentes canciones como Waste de diez minutos de duración, o tan interesantes como Noise, tema que inicia el disco además de darle título.

No puedo dejar de mencionar Sleep, una preciosa balada que no me canso de escuchar, para mí, el mejor tema del disco, y muy alejada de lo que es Fuck U y su mala leche. Escasean los grupos de esos que escuchas por un buen tema y luego resulta que el resto están a la altura o son incluso mejores.

Por lo que leo las críticas ponen mucho mejor otros discos anteriores que a Noise -el único que he escuchado hasta ahora-, así que me pondré a ello y seguiré informando.

miércoles, abril 25, 2007

Houston, tenemos un grupo interesante

Tras el, para mí algo desafortunado, nombre de Love Of Lesbian se esconde un grupo catalán de lo más interesante. Su último disco, Maniobras de Escapismo (2005), cayó en mis manos hace unas semanas y desde entonces lo he estado escuchando en progresión geométrica. Por lo que sé sus tres primeros discos fueron en inglés, pero afortunadamente este último es íntegramente en castellano -a excepción del tema que cierra el disco, que es en francés-.

El estilo es de un pop indie tan amable como resultón. Y es raro que yo alabe este tipo de música -algún día escribiré lo que opino de grupos como Los Planetas o de Los Piratas, etc.-, pero es que además de unas melodías de lo más interesantes y unos buenos arreglos, los chicos de Love Of Lesbian tiene unas letras de lo más originales, tan serias como divertidas. Lo cual se puede observar con solo ver cómo son los títulos de sus canciones, pongo aquí algunas de mis favoritas a modo de ejemplo: Carta a todas tus catástrofes, Maniobras de escapismo, Houston tenemos un poema ó Marlene, la vecina del ártico. Sí, a mí normalmente este tipo de cosas me echarían para atrás, pero de verdad que merecen la pena.

Con este disco Love Of Lesbian demuestran ser de lo más refrescante -no en el sentido de Georgie Dann, sino en el bueno de verdad- que ha dado la música en este país últimamente. Este CD está ya entre mis indispensables. Ojalá hubiera más como ellos.

(Como último apunte decir que por lo que tengo entendido están grabando ya un nuevo disco, estaré antento)

viernes, abril 20, 2007

Can you read my mind?

Hace tiempo que tengo el último disco de The Killers -Sam's Town- y lo cierto es que, sin volverme loco, este grupo no me disgusta en absoluto. Creo que con este segundo trabajo han mantenido muy dignamente el nivel del primero, e incluso lo han mejorado; ya que temas como, sin ir más lejos, los dos primeros singles -When You Were Young y Bones- son bastante buenos.

Pero este post no es para hablar ni de The Killers ni de su último disco en general, sino del que ha sido su tercer sencillo: Read My Mind. Desde que me fijé en él al ver el vídeo no me cabe la menor duda: es el TE-MA-ZO de esta primavera.

¡Viva el pop! (cuando se hace bien)


(Al principio puede parecer normalita, pero joder qué bien hecha que está esta canción. Lástima que el vídeo no le haga justicia)

jueves, abril 19, 2007

Yo soy tu hombre

El otro día vi I'm Your Man, el documental sobre Leonard Cohen, y la verdad es que no me puedo cansar de recomendarlo. Por un lado porque es una forma perfecta de acercarse a la música de este genio de la segunda mitad del siglo XX. Y por otro por las interpretaciones de sus canciones que hacen los artistas invitados.

La estructura del documental es bastante original, dentro de lo que puede dar de sí el género. A través de un concierto homenaje intérpretes de la talla de Nick Cave, Rufus Wainwright o Antony Hegarty -de Antony and the Jonhsons, que por cierto hace una versión increíble de If It Be Your Will- hacen un repaso a toda la carrera del autor. Además, entre tema y tema se intercalan comentarios del los artistas y del propio Cohen sobre sus canciones o su biografía.

Las únicas pegas que le puedo sacar son la presencia de U2 -de los que soy fan de toda la vida, pero vamos, no puedo con Bono y Cía cuando de ponen guays- y un cierto aire que impregna toda la película como a homenaje póstumo. No hombre, no, que a Leonard Cohen todavía le queda mucha cuerda, digo yo...

Pero por lo demás esta cinta ha servido para aumentar más si cabe mi admiración por este hombre y su música -y sus letras, por supuesto-. No os lo perdáis.

martes, febrero 27, 2007

Oscars 2007: ni fu ni fa

Ningún interés han despertado en mí los premios de la Academia de Hollywood este año. Es cierto que he visto muy pocas de las películas nominadas, pero es que ni esas ni la mayoría de las que no he visto me han interesado demasiado.

Independientemente de cuál fuera el resultado de la ceremonia, la verdad es que ya era anodina a priori gracias los nominados. Películas como The Queen, directores como Paul Greengrass por United 93 (¡!), actores como Will Smith o Eddie Murphy... La lista es tristemente interminable. Nada que ver con los del año pasado donde, a pesar de la habitual decepción final, las nominaciones fueron muy arriesgadas y tenían mucha miga.

El "triunfador" de la noche fue Martin Scorsese. Pues mira, sin ver la película y teniendo en cuenta su trayectoria reciente (El Aviador, Gangs of New York o Al Límite...), me da a mí la impresión que Infiltrados muy buena tampoco va a ser -eso por no hablar de que es un remake de Infernal Affairs, película made in Hong Kong-. Más bien lo que me parece es que le han dado los Oscars como premio más que nada a su carrera. Claro que tampoco tenía mucha competencia. Lo bueno de esto es que Eastwood no se ha llevado nada, y eso está bien para bajarle los humos. No porque no me guste, que yo me quito el sombrero ante el pulso que tiene como director; sino porque me pareció realmente excesiva la acaparación de premios por la sobrevaloradísima Million Dollar Baby.

Estoy deseando ver Pequeña Miss Sunshine, Oscar al mejor guión original (lo cual a veces significa mucho -como en ¡Olvídate de Mí! en el 2005- y otras nada -como en Crash en el 2006-), de la que todo el mundo habla muy bien. También La Vida de los Otros (mejor película extranjera), aunque reconozco que, sin ser la octava maravilla, El Laberinto del Fauno está muy bien e igual hubiera debido llevarse ese premio. Y en cuanto pueda veré también Babel, porque Amores Perros y 21 Gramos -sobre todo esta última- me gustaron mucho.

Por lo demás ni fu ni fa, me importa un pimiento quién se llevase las estatuillas. El año pasado decía que los Oscar eran la prueba de la buena salud del cine yankee, este no lo tengo tan claro. Al final el mejor resumen posible de los Oscars, y por ende de todo el cine norteamericano del 2006, va a ser que lo más interesante de la gala fue el impresionante vestido rojo de la impresionante Nicole Kidman. Así que fotico para ella, la reina de la elegancia y el glamour.